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He soñado que el idioma es una orquesta sinfónica -maravillosa de palabras, sonidos y ritmos- que, como en el arte de la música, se articulan entre sí para interpretar una sinfonía, una pieza musical o una canción popular.
Como se sabe, las notas musicales naturales en español son: do, re, mi, fa, sol, la y si. Estas notas representan alturas de sonido y son la base para formar escalas, melodías y acordes. La música es el lenguaje del espíritu, y disfruto cuando asisto a los conciertos con mi esposa. ¡Y no dejo de maravillarme!
Cuando se trata del lenguaje oral y escrito, los signos corresponden a las letras del abecedario que, gracias a la gramática, se recrea el concepto, que es el corazón del idioma o, si quieren, la célula del pensamiento. El concepto -unido a un entramado lógico- se relaciona a otros conceptos donde el sujeto y el predicado logran sentido o significado.
El lenguaje, en esencia, es armonía porque comunica estados del alma, en esta hermosa orquesta -cuerdas, viento/maderas, metales y percusión- que nos permite hablar y escribir correctamente… aunque a veces lo hacemos un poco desafinados, es decir, “sin ton ni son”.
El lenguaje coloquial se ha nutrido de palabras musicales, que forman parte de la cultura popular, y que los académicos de la lengua han guiñado el ojo. A continuación, algunos ejemplos, con el permiso de personas que hablan como “disco rayado”:
Si les “suena” otras palabras sonoras no dejen de comunicarse con Don Correcto. Gracias.