Educar en el tiempo libre

La temporada veraniega se ha instalado en la Sierra y Amazonia. El sistema educativo hace un alto para un descanso reparador, ocasión propicia para reflexionar sobre el tiempo libre activo.

La iniciativa de Laboratorios Bagó “Comando Bienestar 360” superó el alcance de su edición anterior.

Se conoce que el tiempo libre es un hecho social evidente. No es un tiempo inocupado o inútil, que se contrapone al trabajo, sino un descanso saludable que todo individuo debe dedicar voluntariamente para recuperar las energías, divertirse y completar su formación personal.

Tiempo libre vital

Los especialistas reconocen que la vida humana cumple un ciclo diario de 8 horas dedicadas al trabajo, 8 horas para dormir y 8 horas para el tiempo libre. Si usted calcula el tiempo que ha pasado trabajando, durmiendo y…sin hacer nada se quedará sorprendido. De ahí la importancia de reconsiderar el tiempo libre vital para evitar el desperdicio.

Un punto de partida es la constatación que la mayoría de la población no tiene iniciativas para organizar el tiempo libre. Y si lo hace, prefiere las distracciones pasivas: mirar la televisión, utilizar el celular o la computadora o instalarse en los video juegos. El resultado es preocupante: menos salud mental producto del sedentarismo, obesidad y, en general, desequilibro físico, mental y emocional.

Riesgos y opciones

En esa línea de pensamiento, la educación en el tiempo libre es fundamental. Y esta tarea formativa corresponde a padres y profesores. Los padres, que se acostumbraron a “encargar” los hijos en las escuelas, se desesperan cuando llegan las vacaciones, e intentan inscribir a sus hijos en cursos; y pocos docentes se preocupan de sugerir actividades lúdicas, de recuperación o simplemente formar estudiantes para practicar actividades voluntarias.

Los riesgos -por los problemas de seguridad son serios-. Los expertos señalan la incidencia del impacto de la televisión, el celular, la computadora y los video juegos, en la salud mental y emocional de niños y adolescentes.

Ante esta situación, la opción es lograr un equilibrio dinámico, al integrar actividades individuales y sociales durante el tiempo libre. El período vacacional es ideal para integrar el juego como una herramienta eficaz, los deportes y otras opciones como la lectura de libros, escuchar música y salir a caminar. Y una receta de oro. ¡El movimiento es vida!

Fundamentos

La ciencia proporciona datos para diseñar las actividades durante el tiempo libre, y no dejar que se consuma este precioso tiempo en descanso pasivo, perdido o en hábitos perniciosos.

El pedagogo inglés Alexander Sutherlands-Neill escribió libros interesantes: “Los niños libres de Summerhill” y “Libertad, no anarquía”. La idea central de Neill es que “cuando los niños hacen lo que quieren son felices: leen, hablan, corren, ríen, disfrutan en libertad sin sombra de represión”. Propuso el autogobierno de los niños, porque es “el infinito valor de la educación”.

El tiempo libre, en esa perspectiva, cobra valor humano cuando lleva a la autogestión; es decir, a la conciencia propia de la importancia de hacer algo provechoso para sí mismos y los demás, a veces sin recompensa. Este acto voluntario lleva -con el apoyo de los adultos- a que los niños puedan descubrir sus habilidades, destrezas y competencias a partir de sus intereses y necesidades.

Joan Huizinga, por su parte, expresa que “el juego es un eje transversal de la vida de todas las personas, de todos los grupos y las sociedades en todos los tiempos. El arte, la cultura, la religión, la política, la economía, la música y todas las ciencias están ‘cruzadas’ por el juego, que es la impronta de su propio ser”. “El homo ludus” –el hombre que juega- está presente en la historia de la humanidad y en cada ser humano.

Celestin Freinet -con Montessori, Decroly, Makarenko, Blonskij, Cousinet, Ferriere- es un clásico que plantea varios principios: la libertad, según la elección y ritmo de cada niño; la disciplina, no la impuesta o formal, sino natural; la afectividad: el respeto a la vida infantil, el cariño genuino; el éxito – fracaso: cultivar el logro en función del esfuerzo y no de la falsedad, entre otros.

República de los niños

La educación en el tiempo libre plantea desafíos interesantes para padres y maestros. Las colonias vacacionales, los programas al aire libre, los museos, las bibliotecas, los conciertos, las exposiciones, las caminatas por rutas accesibles… deben ser, en lo posible, abiertos y gratuitos.

Los parques son la república de los niños, aquellos espacios donde los niños y monitores disfrutan de la naturaleza, y desarrollan actividades adecuadas a los diferentes grupos etarios con libertad, responsabilidad y seguridad.

Los juegos tradicionales ecuatorianos son expresiones culturales que combinan diversión, creatividad y socialización, como la rayuela, el trompo, las canicas y el vuelo de cometas. Y también los deportes propios como el ecuavoley, la pelota nacional, la bomba con rulimanes y otros.

Y lo más importante: cambiar la actitud sobre el tiempo libre -no solo en vacaciones-, en favor del movimiento físico y mental mediante acciones provechosas como leer un buen libro, descifrar rompecabezas y laberintos, organizar paseos y excursiones seguras o coleccionar algo provechoso. ¡Y respirar libertad!