El discreto encanto del PERFUME

La evolución del perfume como símbolo de seducción y estilo, recordando que el mejor aroma siempre será el de la limpieza.

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Don Correcto

La historia del perfume jamás podría prescindir de Cleopatra, la hábil seductora que, gracias a su extraordinaria creatividad, usó y abusó del perfume: como galantería y arma que supo embriagar los sentidos de Marco Antonio, su amado.

El perfume ha dejado de ser patrimonio exclusivo de la mujer.  El hombre ha comenzado a ser también adicto, mientras los perfumistas aumentan sus ventas y ganancias…porque el discreto encanto del perfume apasiona, desde una delicada loción para afeitar, hasta un afrodisíaco potente y provocativo.

Dicen que “la nariz es francesa”. Y no se equivocan. Francia es la cuna de las fragancias y también de otras extravagancias. Una noticia reciente recogía el resultado de una encuesta que calificaba a los franceses como los menos aseados de Europa. ¡Ahora me explico por qué los franceses son los primeros exportadores de perfume de todo el planeta!

En efecto, la historia registra a la famosa Cleopatra que enloqueció a Marco Antonio con sus fragancias irresistibles. Y a Josefina, la mujer de Napoleón, quien, por culpa de los “benditos” perfumes sufrió más de una jaqueca… Y, sin ir muy lejos, ¿quién no se ha sentido atraído, sorprendido –o tal vez fulminado– por ese mágico surco fugaz que, de pronto, resucita un recuerdo feliz?

¡Cómo han cambiado los tiempos!

Antes bastaba que las señoras se coloquen una discreta gotita de perfume o agua de colonia tras de las orejas para salir a la calle.  Hoy es distinto. Las mujeres trabajan, se movilizan, suben y bajan escaleras, viven a un ritmo dinámico.

Las costumbres se han refinado. Las mujeres usan el perfume al comienzo del día como gesto cotidiano, casi ritual. Y mientras están en la oficina –“cuando hay tiempo”– no solo se miran en el espejo sino esperan la oportunidad para colocarse una loción “humectante”, y para el fin de semana dejan el perfume turbador, que puede inspirar algo nuevo.

Estas delicias olfativas han sido muy bien utilizadas por los perfumistas, que han creado una gama notable de productos: desde toallas, cremas, talcos, leches y desodorantes, hasta prendas, juguetes y jabones. Estamos, pues, en la era de las fragancias.

Ellas y ellos

Los especialistas están convencidos que “las mujeres compran perfumes para complacerse a sí mismas y para seducir”. Ellas compran por emoción. En el caso de los hombres, la motivación parece ser diferente, aunque se nota cierto conservadorismo.

Adictos recientes permanecen fieles a su perfume, ¡por pereza!  Según una encuesta, el sesenta por ciento de los perfumes masculinos lo compran las mujeres. ¿Por qué será? Es evidente –según los entendidos– que los hombres se resisten a pensar que se perfuman para seducir, porque se trata de una costumbre ligada al ritual de hacerse la barba, por la noche antes de salir o, inclusive, después de practicar algún deporte.

Así, el perfume en el hombre no siempre está relacionado con algún beneficio tangible, aunque cierta publicidad televisiva hace prevalecer la aventura, el exotismo y el machismo, al exhibir hombres “transformados” en machos alfa…por obra del olfato. 

El mejor perfume

Nunca olvido el “olor” de un asambleísta –de esos honorables de terno brilloso, zapatos de charol recién lustrados, corbatín de seda taiwanesa y pañuelo al pecho; camisa almidonada, peinado con glostora y maletín de altísimo ejecutivo– quien, de pronto, irrumpió arrogante en una oficina con una sonrisa parlamentaria.

-¿Olieron? – Preguntó una secretaria aturdida, luego de una breve estancia del diputado. Todos se llevaron un pañuelo a la nariz. “Yo no fui”, dijo alguien abochornado. Todos se rieron mientras un empleado abría las ventanas para “airear” el ambiente dejado por el diputado que se había bañado en perfume chino, de un dólar, para lograr éxitos en sus gestiones

Queda una gran lección: ¡El mejor perfume es la limpieza!  El aroma de lo limpio es lo que más aprecian las mujeres. ¡O la fragancia de un perfume “indiscreto” exhibido con elegancia! Y salió en verso.