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Alejandría atrajo a sus cortes a los sabios de su época. Sus reyes tomaron la decisión reunir las obras científicas y literarias más importantes del mundo antiguo y preservarlas.
Una tradición atribuye la iniciativa a Demetrio de Falero, político ateniense y discípulo de Aristóteles, quien persuadió a Ptolomeo para que recopilara “los libros de todos los pueblos de la Tierra”. La voluntad de reunir el saber universal, en todas las disciplinas y de todos los pueblos, y conservarlo para las generaciones futuras, fue una opción trascendente.
La cercanía de la Biblioteca al mar fue un factor que impulsó su desarrollo, y también su desaparición. En el 47 a.C. la mítica Biblioteca ardió por accidente como consecuencia de una acción militar de Julio César, en la que mandó incendiar más de 60 barcos anclados en el puerto.
El incendio se propagó rápidamente a los muelles y de estos a la ciudad real y a los depósitos de la Biblioteca: “Las casas vecinas a los muelles prendieron fuego; el viento contribuyó al desastre; las llamas eran lanzadas por el viento furioso como meteoros sobre los tejados”.
El resultado fue que se perdieron muchos volúmenes. Pero Alejandría tuvo que sufrir diversas conquistas y desastres antes de ver desaparecer definitivamente su Biblioteca, a causa del fanatismo religioso que llevó a Europa a sumirse en la Edad Media.
Otros atribuyeron el desastre a los sarracenos bajo las órdenes del califa Omar. Se dice que un gramático pidió que se le cediera la Biblioteca, a lo que Omar respondió: “Si esos escritos están conformes con el Corán, son inútiles, y si ocurre lo contrario, no deben tolerarse”.
A finales del siglo pasado y comienzos del siglo XXI, después de más de 1.600 años de la desaparición de aquella gran Biblioteca, surgió un nuevo proyecto que se llenó de libros, investigadores y sabiduría, gracias al esfuerzo de Egipto, otros países árabes y la UNESCO. Este “renacimiento” fue el punto de encuentro del conocimiento más importante del mundo antiguo con la cultura del siglo XXI.
Empujar las hojas de la colosal puerta de la antigua Biblioteca para ver y sentir la atmósfera de aquellas mitológicas salas con sus departamentos, estantes, dibujos y relieves, no fue posible, pero gracias a la tecnología podemos ingresar y visitar esta nueva versión.
La nueva Biblioteca Alejandrina es el resultado de un proyecto que comenzó en 1990, en una histórica reunión en la que los países miembros de la UNESCO firmaron la Declaración de Assuán para el Renacimiento de la Antigua Biblioteca de Alejandría. Sus promotores fueron, entre otros, los Premios Nobel Octavio Paz y Naguib Mahfuz.
La UNESCO hizo un llamamiento internacional, y posteriormente, junto con la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), organizó un concurso para elegir el diseño arquitectónico. El ganador fue el presentado por la agencia noruega Snohetta, escogida entre 1.400 proyectos de 77 países.
La Biblioteca Alejandrina es una pieza arquitectónica excepcional. La construcción duró 7 años, y ha sido llevada a cabo bajo la dirección del ingeniero egipcio Mamdouh Hamza, quien supo sortear el reto de descender 18 metros por debajo del nivel del mar.
Estética y llamativa, al mismo tiempo, destaca por su arquitectura y funcionalidad, porque utiliza las tecnologías de información más actualizadas y está conectada con los más importantes centros de educación del mundo. Ha costado casi 230 millones de dólares, de los cuales casi 100 corresponden a donaciones externas, mientras que el resto aportó el gobierno egipcio.
Con un área total de 45 000 m², el diseño representa el disco solar egipcio mirando hacia el mar y parcialmente sumergido en una cama de agua, evocando el amanecer de un nuevo día. El edificio principal es como un cilindro largo de una altura de 160 m, con la tapa truncada en ángulo.
Se trata de la sala de lectura, que destaca por sí sola en el conjunto del edificio, pues ocupa toda su parte central; un espacio abierto de 70 000 m² (equivalentes a dos campos de fútbol), repartidos en 11 niveles, de los cuales 4 están por debajo del suelo. Tiene una capacidad para 2.000 personas, y según las palabras de Ismail Sarageldin, director de la Biblioteca: “No solo es la más grande del mundo, sino la más bella”.
La suave luz natural que llega directamente a todos los lugares y el elevado techo levantado sobre columnas, crean un ambiente estimulante. Es una catedral del conocimiento. El edificio está rodeado por un gran muro en forma de media luna, construido con granito de Assuán y esculpido con las caligrafías de los alfabetos de los distintos pueblos del mundo, 120 en total. También figura una estatua de 5 m de altura que representa al faraón Ptolomeo II, quien concluyó las obras de la primera Biblioteca.
Les invito a visitar la nueva Biblioteca de Alejandría.