Las preguntas iniciales son claves: “Si somos libres, por qué servimos; si podemos no hacerlo, ¿por qué obedecemos?
Es el desafío de Étienne de La Boétie (1530-1563), filósofo que trabajó como magistrado en Burdeos, Francia, quien se interesó desde muy joven en los autores clásicos griegos y latinos. A los 18 años escribió “Discurso sobre la servidumbre voluntaria”, en 1548, y fue publicado en 1572 por su mejor amigo Michel de Montaigne.
La obra es una corta interpelación de 18 páginas contra el absolutismo de la época, que cobra actualidad porque es una verdadera apología de las servidumbres, y un referente para la ciencia política contemporánea.
El escrito de La Boétie plantea la cuestión de la legitimidad de cualquier autoridad sobre un pueblo y analiza las razones de la sumisión (relación dominación/servidumbre). Prefigura la teoría del contrato social e invita al lector a una minuciosa vigilancia siempre con la libertad como punto de mira.
Los ejemplos sacados de la antigüedad clásica —como era costumbre en la época— aparecen en el texto, y le permiten criticar, bajo una apariencia de erudición, la situación política de su tiempo. Si bien La Boétie fue un servidor del orden público es considerado como un precursor intelectual de la desobediencia civil y del anarquismo. Murió por la peste en Germignan, el 18 de agosto de 1563, a los 32 años.
En las siguientes líneas, un breve análisis de su discurso y sus repercusiones en el mundo de hoy.
El ensayo de Étienne de La Boétie se refiere a la servidumbre voluntaria, considerada uno de los textos fundacionales del realismo político. La esencia de su pensamiento radica en las relaciones de poder, donde predomina el interés: “el interés de los siervos en seguir siendo siervos y subordinarse de buena gana al gobernante, sea un déspota o un demócrata”.
La Boétie denuncia la bajeza de espíritu de quienes prescinden de su libertad a cambio de casi nada, porque están sometidos a la pirámide de la servidumbre voluntaria -de sometimiento interesado-, que se amplía mientras se baja por la escalera social, hasta que el beneficio es prácticamente nulo.
Esta concepción del poder observada y escrita hace 500 años constituye no solo una sátira social, sino un cuestionamiento radical de un sistema decadente: el absolutismo. Lo curioso es que La Boétie no plantea el tema del poder como propiedad, sino como una relación o estrategia por parte del tirano que seduce a sus siervos para perpetuar su reinado, y la complacencia de los siervos para conseguir prestigio, manjares y riqueza. De esta manera, La Boétie desplaza la tendencia clásica de la erótica del poder a la erótica de la servidumbre, donde lo único radical es el conformismo y la docilidad.
Oigamos a La Boétie: “No se puede creer cómo el pueblo, en cuanto es sometido, cae tan repentinamente en el olvido tan grande de la libertad que no es posible que despierte para recuperarla, sirviendo de tan buena manera que, al verlo, diríase que no perdió su libertad, sino que ganó su servilismo”.
Si se extrapola esta concepción de La Boétie al siglo XXI, se ven interesantes paralelismos. El llamado neoliberalismo o post capitalismo – sistema político-económico estructurado sobre el interés individual de los sujetos-, podría ser considerado un modelo que regula la sociedad del rendimiento, ya no como servidumbre sino como entusiasmo, que privilegia el trabajo apasionado donde los individuos compiten unos con otros, a maximizar sus intereses y optimizar sus capacidades. ¿Otra servidumbre en ciernes?
La lógica de la servidumbre entusiasta, se manifestaría no como dominación sino como potencialidad, con una meta: lograr la felicidad de productores y consumidores. La propuesta es producir, lograr resultados con eficiencia, que sería mucho más sutil y opresivo que las amenazas y prohibiciones. Este credo es etéreo dentro de sistema y se concreta en comportamientos de alta autoestima, certidumbres, económicamente inteligentes y políticamente correctos, que fundamenta el modelo de mercado. La servidumbre entusiasta sería inducida mediante motivaciones reales o inventadas para producir rápido y a menor costo.
La economía digital en el siglo XXI se movería como tecno feudalismo; es decir, con grandes señores feudales -domiciliados en Silicon Valley, nacidos en garajes, hechos a sí mismos, multimillonarios-, y un sinnúmero de siervos de la gleba -humanos con perfiles de humanoides– expertos en algoritmos y aplicaciones que, a mil por hora, colocan en la nube millones de datos que entusiasman a la mayoría, a través de servidores. ¿Nueva tiranía de la civilización?
Ante estos retos, cabe recuperar el pensamiento de La Boétie y actualizarlo, para activar nuestras neuronas políticas con un objetivo: evitar la complicidad de la dominación.
Pueden presentarse otros escenarios. Pero, en todo caso, replantear la teoría de La Boétie resulta útil, e intentar descifrar la nueva ola que se cierne sobre nuestras sociedades.