26 de julio de 2020 00:00

Un corredor de conservación

En el corredor Sangay-Podocarpus se han identificado 16 ecosistemas. El 75% de este territorio está cubierto por zonas frágiles y remanentes todavía en buen estado. Foto: Cortesía Naturaleza y Cultura Internacional (NCI)

En el corredor Sangay-Podocarpus se han identificado 16 ecosistemas. El 75% de este territorio está cubierto por zonas frágiles y remanentes todavía en buen estado. Foto: Cortesía Naturaleza y Cultura Internacional (NCI)

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Isabel Alarcón

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Los páramos, bosques y humedales que se encuentran entre el Parque Nacional Sangay y el Parque Nacional Podocarpus ahora son parte del primer corredor de conectividad del país. Esta área, que abarca 160 kilómetros en línea recta y que está formada por 567 097 hectáreas, es el hogar de la cuarta parte de los anfibios del país.

Animales emblemáticos como el oso de anteojos, el jaguar y el tapir viven en esta zona del sur de Ecuador. Desde que fue reconocida oficialmente por el Ministerio del Ambiente y del Agua este mes, cuenta con una mayor protección.

Fabián Rodas, coordinador de Naturaleza y Cultura Internacional en Cuenca, explica que los corredores no son áreas protegidas, sino que representan una estrategia complementaria para asegurar la conservación de la biodiversidad. Dentro de estos hay zonas conservadas al igual que territorios destinados para el desarrollo agrícola o pecuario.

Para determinar en qué sitios es posible establecer un corredor de conectividad, es necesario que existan tres condiciones.

El territorio debe contar con áreas protegidas que se puedan vincular, entre estas debe haber ecosistemas en buen estado, y las autoridades locales, al igual que la comunidad, deben estar interesadas en ser parte del proyecto.

Rodas dice que el proceso para establecer el corredor Sangay-Podocarpus empezó en el año 2010 cuando los especialistas de NCI, la Corporación Alemana para la Cooperación Internacional (GIZ) y las zonales 6 y 7 del Ministerio del Ambiente buscaban formas de conservar el sur del país. A pesar de que era un territorio altamente biodiverso, habían menos áreas protegidas que en otras regiones.

Dos años más tarde lograron crear un documento que resumía la idea. Este sitio cumplía con las características necesarias, ya que estaba cubierto por ecosistemas frágiles y remanentes en buen estado, que podían ser protegidos para asegurar sus servicios ecosistémicos y el flujo de las especies.

Rodas comenta que empezaron a trabajar con los gobiernos locales, la academia y las comunidades para ir conformando zonas de conservación en este trayecto. Se creó el Parque Nacional Río Negro Sopladora, el Área de Conservación Municipal Siete Iglesias, el Área de Conservación Comunitaria Tambillo y el Área de Conservación Comunitaria Marcos Pérez de Castilla.

Las cuatro ya son parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Asimismo, se logró proteger a más de 350 000 hectáreas mediante diversas ordenanzas municipales.

En la región se pueden encontrar 580 especies de aves.

En la región se pueden encontrar 580 especies de aves.


Una vez creadas las áreas de conservación y formadas las alianzas institucionales, llegó el momento de armar el rompecabezas. Los investigadores actualizaron el documento del 2012, redefinieron límites y entregaron un plan de acción al MAE en el 2017.

En esa etapa se presentó otro problema, no existía la norma técnica para su reconocimiento. Rodas explica que el Código Orgánico del Ambiente reconoce a los corredores como estrategias complementarias de conservación, pero no dice cómo implementarlas.

El 22 de mayo de este 2020 se expidió un Acuerdo Ministerial con los lineamientos para el establecimiento, diseño y gestión de los corredores de conectividad. Esto permitió que el Sangay-Podocarpus se convierta en el primero de su tipo en el país bajo la normativa ambiental existente.

Diego Armijos, docente investigador de la Universidad Técnica Particular de Loja, considera que esta medida beneficiará a la fauna, sobre todo a las poblaciones de anfibios. El corredor de conectividad y los parques Sangay y Podocarpus ocupan un área menor al 5% de la superficie del país, pero albergan a 169 especies de anfibios, que es una cuarta parte de la diversidad de ranas y sapos del Ecuador. De estas 169, 86 integran alguna de las tres categorías de amenaza de la Unión Internacional para la Conservación (UICN).

Entre las ranas que más se destacan están ocho especies Atelopus, que es el género con mayor amenaza. Por otro lado, las tres especies del género Telmatobius, que ahora son consideradas extintas, tienen allí registros históricos.

En el corredor se ha registrado la presencia de 580 especies de aves, entre las que se destacan el cóndor y el águila andina. También habitan 101 de las 446 especies de mamíferos del país y unas 45 de reptiles.

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