
Hay historias que dan vueltas hasta encontrar su forma. ‘Se tiene que morir mucha gente’ empezó como guion de serie en 2017, Victoria Martín no lo pudo vender a las plataformas.
Ella seguía viendo su potencial, entonces se fue por la literatura: lo convirtió en novela, vendió más de 70 000 ejemplares y once ediciones después, el guion que nadie quiso comprar es hoy una serie de éxito en hispanoamérica. Antes de saber de la serie leí eso en un post de Instagram y ya eso me generó muchas ganas de verla.
La trama sigue a tres amigas de la infancia: Bárbara, Maca y Elena, que se reencuentran veinte años después, cada una con sus propias crisis y frustraciones acumuladas.
Bárbara es una bomba de ansiedad: vive frustrada por su trabajo de guionista en un programa de humor muy malo y es adicta a las pastillas que le mal receta su psiquiatra. Maca intenta salir adelante como actriz aunque trabaja de mesera en un bar de barrio. Y Elena vive una vida de lujos tras casarse con un hombre mayor y millonario, ahora embarazada y en crisis.
Lo que podría haber sido otra serie de treintañeras en crisis resulta ser algo mucho más potente: un retrato de una generación confundida, donde nadie está exactamente donde pensaba estar a los cuarenta. Y lo que más me gusta es que la serie no busca redención fácil ni moraleja al final de cada episodio.
Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr forman un trío que funciona de verdad. Anna Castillo y Macarena García llevan años siendo amigas en la vida real, y esa cercanía se nota en pantalla, se reencontraron frente a las cámaras tras el éxito de ´La Llamada´. A mí me parece que esa química real es lo que hace que las discusiones, los silencios y los afectos entre ellas sean auténticos. Las tres son amigas de verdad, en la vida real.
Anna Castillo carga con la parte más difícil y, creo yo, la más interesante de la serie. Su Bárbara mezcla apatía, ansiedad y rabia contenida de una manera que no resulta especialmente simpática, y eso juega a favor. Lo que más me gusta de su personaje es el alter ego adolescente que la acompaña a lo largo de la serie, interpretado por Sofía Otero, la fabulosa niña que ganó el Oso de Plata en Berlín con ’20 000 especies de abejas’.
Funciona como una conciencia mala, como un diablito en el hombro, como un Gazú de Los Picapiedras pero malévolo que se rebela contra su yo exterior, odiando a todos y sugiriendo todo lo que Bárbara no se atreve a decir. Es ella misma de pequeña recordándole en el peor momento posible quién fue y quién decidió ser. Me encanta ese recurso: le añade una bomba de humor negro que convierte situaciones cotidianas en algo que realmente hace reír.
Macarena García tiene aquí uno de sus mejores trabajos. Su papel de Elena lo tiene todo en apariencia, guapa, con casa, dinero, embarazo, marido; y aun así hay algo en su mirada que delata que algo no está bien. No lo dice: lo sostiene.
Laura Weissmahr completa el trío con una energía completamente distinta: es la que todavía cree que todo puede arreglarse, la optimista incorregible en medio del caos, y aporta los momentos más livianos de la serie sin que se sienta forzado. Parece ser la “más normal”. Yo creo que el trío funciona precisamente porque las tres son distintas de verdad. Castillo explota, García aguanta, Weissmahr busca. Y esa combinación es lo que sostiene la serie de principio a fin.
La serie es una sátira contra la hipocresía, la doble vida y las terapias facilonas que justificamos como si fueran soluciones reales. Pero lo hace desde adentro, no desde la superioridad moral. Se nota que Victoria Martín escribe de lo que conoce y de lo que le duele. Eso se siente.
Técnicamente hay decisiones que vale la pena mencionar. La fotografía fue trabajada con planos que muestran a los personajes con colores fríos que contrastan con la calidez de los entornos. La edición es brusca, muy al estilo de la comedia moderna como Enchufe TV o Backdoor, con cortes abruptos que marcan el ritmo justo cuando uno menos lo espera y convierten el drama en un chiste incómodo.
Seis episodios de media hora. Una tarde de domingo con una buena funda de pistachos y se la ven entera. Mi calificación: 8 sobre 10 porque me identificó más de lo que me esperaba y eso siempre es señal de que algo está bien hecho. Los puntos que le faltan es porque quiero una segunda temporada y todavía no han confirmado la fecha. Victoria Martín, si lees esto: nos debes más Bárbara.
Me pregunto: ¿Es una serie sobre criticar a la sociedad hispana que nos tocó? Sí. ¿O es sobre criticarse a uno mismo por no saber adaptarse a esa sociedad? También. Yo creo que las dos cosas a la vez, y ahí está su potencial.
Véanla y después me cuentan cuántas veces se sintieron identificados con Bárbara. Yo no voy a decir cuántas veces me pasó a mí, pero fueron más de las que me gustaría admitir.