
Ecuador no tiene una sola clínica de la memoria en su sistema de salud público. Tampoco cuenta con una base de datos nacional sobre deterioro cognitivo en Ecuador. Mientras el país envejece a un ritmo acelerado, un estudio publicado en The Lancet el 13 de julio de 2026 acaba de demostrar, por primera vez con datos ecuatorianos, que es posible frenar el deterioro cognitivo en Ecuador sin medicamentos.
Más de 144 mil personas mayores de 60 años podrían tener algún tipo de deterioro cognitivo en Ecuador. Es una estimación que cruza cifras regionales con los 1,7 millones de adultos mayores que registra el INEC. El país no genera ese dato por sí mismo. La demencia no tiene cura, avanza en silencio y golpea primero a las familias que deben asumir el cuidado sin ninguna orientación previa. El estudio LatAm-FINGERS, con un centro activo en Quito, ofrece por primera vez evidencia local sobre cómo retrasar el deterioro cognitivo en Ecuador. Para esto se acogen hábitos accesibles: ejercicio, alimentación, estimulación cognitiva y control cardiovascular.
Una participante sana del estudio, cuya madre vivió con Alzheimer, resumió el impacto del programa con una frase que la Dra. Lissette Duque-Peñailillo, investigadora principal en Ecuador, recuerda como reveladora: “Si yo hubiera sabido esto cuando mi mamá vivía, su vida hubiera sido muy diferente”. Ella no llegó como paciente. Llegó como una mujer sana de Quito que decidió participar en un ensayo clínico. Al final terminó descubriendo, dos años después, todo lo que pudo haber cambiado para su madre si esa información hubiera existido antes.
Detrás de esa frase hay un vacío estructural. Neuromedicenter, el centro que representó a Ecuador en el estudio no tenía una base de datos propia sobre adultos mayores sanos antes de LatAm-FINGERS. Lissette Duque-Peñailillo, neuróloga subespecialista en neurogeriatría, lo explica sin rodeos:
“En el país no disponíamos de una base de datos real sobre deterioro cognitivo en adultos mayores, ni existen clínicas de la memoria en el sistema público”.
Ese vacío coincide con una transición demográfica que avanza más rápido que la capacidad del sistema de salud para responder. Según un análisis de Actuaria, la esperanza de vida en Ecuador pasó de 72,9 años en hombres y 78,8 en mujeres (2010-2015) a 74,3 y 80,2 años, respectivamente, entre 2020-2025. En tanto, el número de hijos por mujer cae a 1,79, con proyecciones por debajo de ese umbral hacia 2030. El resultado es una población envejecida que crece de forma acelerada. Cerca del 9% de ecuatorianos ya tiene 65 años o más, cambio estructural con implicaciones directas en el gasto en salud del país.
Además, el diagnóstico y la prevención de la demencia en Ecuador dependen, hasta ahora, de estimaciones regionales. También de la voluntad de centros privados dispuestos a asumir el costo de investigar.
El protocolo de LatAm-FINGERS se diseñó desde 2018. Se inspiró en el estudio finlandés FINGER. Este demostró en Europa que una intervención de estilo de vida podía mejorar la cognición en adultos mayores en riesgo. El ensayo reunió a 1 065 participantes en 11 países: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, México, Perú y Uruguay.
Ecuador se sumó como unidad de memoria designada y su fase de campo arrancó en abril de 2022. Esto ocurrió en plena reactivación pospandemia, y concluyó en octubre de 2024. Cien adultos mayores de Quito, entre 60 y 77 años, en su mayoría mujeres (75%), fueron distribuidos en dos grupos. El uno con un programa estricto y supervisado, y otro con recomendaciones generales sin obligación de cumplirlas.
Reclutar no fue sencillo. Sin una base de datos previa, el equipo recurrió a charlas en clubes de adultos mayores, espacios municipales y publicidad en Facebook. La desconfianza fue el primer obstáculo. “Muchas personas que se inscribían no se presentaban a la evaluación por temor a que se tratara de una estafa”, relata Duque-Peñailillo. Lo que funcionó fue el boca a boca entre los propios participantes.
La adaptación cultural exigió más: la dieta Mind se rediseñó, por ejemplo, con quinua y chochos. Las pruebas neuropsicológicas cambiaron su vocabulario al de Ecuador. Además, se construyó un gimnasio dentro del centro. Y varios participantes aprendieron a usar tablets por primera vez para entrenar su cerebro con la plataforma BrainHQ.
De los 100 participantes ecuatorianos, 89 completaron los 24 meses de seguimiento. Esta es una retención que la neuróloga califica como buena frente a otros países de la región. A nivel global, el grupo con intervención sistemática mostró una mejora cognitiva anual 55% mayor que el grupo con solo consejería. Es una diferencia de 0,25 desviaciones estándar a los 24 meses. La adherencia al programa exigente llegó a 71,6% entre personas de 60 a 77 años. En la escala clínica CDR-SB –Clinical Dementia Rating Sum of Boxes, que mide en números cuánta autonomía pierde una persona en sus actividades diarias- no hubo diferencias significativas entre los dos grupos.
Ese 0,25 no es una cifra menor ni una revolución. “Corresponde a un efecto pequeño, pero claramente relevante en prevención”, explica la investigadora, y puede traducirse en más reserva cognitiva frente al envejecimiento. La ausencia de cambios en el CDR-SB tampoco invalida el hallazgo. Esa escala detecta pérdida de autonomía, no cambios cognitivos sutiles, y estos últimos suelen aparecer primero.
El verdadero aprendizaje del estudio, según Duque-Peñailillo, no está en un solo hábito aislado sino en la suma de cinco frentes. Es decir: ejercicio, nutrición, estimulación cognitiva, control cardiovascular y socialización. “Al sumarse los 5 puntos, se potencia el beneficio a nivel cognitivo”.
El componente con mayor adherencia no fue la dieta ni el entrenamiento cerebral, sino el ejercicio físico. Cuatro veces por semana, los participantes encontraron en esas sesiones algo que no esperaban. Se convirtió en un espacio de socialización que compensaba el aislamiento agravado por la pandemia y por la inseguridad del país. Al terminar el estudio, varios decidieron seguir entrenando por su cuenta, en parques, gimnasios o clubes, sin que nadie se lo pidiera.
La cohorte ecuatoriana seguirá bajo observación cuatro años más para confirmar si esa mejora cognitiva se mantiene en el tiempo. En paralelo, se analizarán muestras de sangre que el equipo extrajo cada seis meses y guardó en un biobanco, junto con las resonancias magnéticas del inicio y de los 24 meses, en busca de marcadores biológicos que expliquen quién se beneficia más de frenar el deterioro cognitivo en Ecuador. Neuromedicenter ya prepara una reunión formal con las autoridades de salud para entregar estos datos como sustento técnico. La demencia sigue sin cura, pero Duque-Peñailillo insiste en que el punto de partida está en la atención primaria. “Se necesita voluntad política para incorporar la prevención cognitiva en la agenda sanitaria”.
Es el primer ensayo clínico aleatorizado y multidominio realizado en América Latina para prevenir el deterioro cognitivo, publicado en The Lancet el 13 de julio de 2026. Reunió a 1 065 adultos mayores de 11 países -incluido Ecuador- y comparó un programa estricto de ejercicio, dieta Mind, entrenamiento cognitivo y control cardiovascular frente a un grupo que recibió recomendaciones.
100 adultos mayores de Quito, entre 60 y 77 años se inscribieron en la fase ecuatoriana; 89 completaron los 24 meses de seguimiento. El 75% eran mujeres. La doctora Duque-Peñailillo calificó esa retención como buena frente a otros países de la región, pese a que el reclutamiento inicial enfrentó desconfianza y falta de una base de datos previa sobre adultos mayores sanos en el país.
La combinación de cinco frentes -ejercicio físico, nutrición con la dieta Mind, estimulación cognitiva, control cardiovascular y socialización- mostró una mejora cognitiva anual 55% mayor que solo recibir consejería. Según la investigadora Duque-Peñailillo, el beneficio no viene de un hábito aislado sino de sumar los cinco puntos a la vez, sostenidos durante dos años con supervisión.
CDR-SB son las siglas de Clinical Dementia Rating Sum of Boxes, una escala clínica que mide cuánta autonomía pierde una persona en sus actividades diarias. En LatAm-FINGERS no mostró diferencias significativas entre grupos, pero eso no invalida los resultados: es una medida menos sensible que las pruebas neuropsicológicas y los cambios cognitivos suelen aparecer antes que la pérdida funcional.
La cohorte ecuatoriana seguirá en observación cuatro años más para verificar si la mejora cognitiva se mantiene en el tiempo. En paralelo se analizarán las muestras de sangre guardadas en biobanco cada seis meses y las resonancias magnéticas tomadas al inicio y a los 24 meses, y Neuromedicenter buscará reunirse con las autoridades de salud para usar estos datos en el diseño de políticas públicas.
