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El deshielo ártico reducirá la huella de carbono

El deshielo puede generar nuevas rutas para el comercio internacional. Foto: Europa Press

El deshielo del Ártico podría dar lugar a nuevas rutas comerciales en aguas internacionales, reduciendo la huella de carbono del sector naviero y debilitando el control de Rusia sobre las rutas actuales.

Es la conclusión de un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Los modelos climáticos muestran que partes del Ártico que antes estaban cubiertas de hielo durante todo el año se están calentando tan rápido que en tan sólo dos décadas estarán libres de hielo durante meses. Según los científicos, el cambio climático del Ártico pondrá en peligro a innumerables especies que prosperan a temperaturas bajo cero.

Otra consecuencia crítica del derretimiento del hielo en el Ártico es la posibilidad de establecer rutas comerciales marítimas más cortas y respetuosas con el medio ambiente que eviten la Ruta Marítima del Norte, controlada por Rusia.

En el nuevo estudio, un par de científicos del clima de la Universidad de Brown, en Estados Unidos, colaboraron con un jurista de la Facultad de Derecho de la Universidad de Maine para predecir cómo el deshielo del Océano Ártico podría afectar a la regulación de las rutas marítimas en las próximas décadas.

Proyectaron que para 2065, la navegabilidad del Ártico aumentará tanto que podría dar lugar a nuevas rutas comerciales en aguas internacionales, lo que no sólo reduciría la huella de carbono de la industria naviera, sino que también debilitaría el control de Rusia sobre el comercio en el Ártico.

“No hay ningún escenario en el que el derretimiento del hielo en el Ártico sea una buena noticia -advierte Amanda Lynch, autora principal del estudio y profesora de ciencias de la Tierra, ambientales y planetarias en Brown-. Pero la desafortunada realidad es que el hielo ya está retrocediendo, estas rutas se están abriendo, y tenemos que empezar a pensar críticamente en las implicaciones legales, medioambientales y geopolíticas“.

Lynch, que ha estudiado el cambio climático en el Ártico durante casi 30 años, explica que, como primer paso, trabajó con Xueke Li, investigador postdoctoral asociado del Instituto de Brown para el Medio Ambiente y la Sociedad, para modelar cuatro escenarios de navegación basados en cuatro resultados probables de las acciones globales para detener el cambio climático en los próximos años.

Sus proyecciones mostraron que, a menos que los líderes mundiales logren limitar el calentamiento a 1,5 grados centígrados en los próximos 43 años, el cambio climático probablemente abrirá varias rutas nuevas a través de aguas internacionales a mediados de este siglo.

Según Charles Norchi, director del Center for Oceans and Coastal Law de Maine Law, profesor visitante del Watson Institute for International and Public Affairs de Brown y uno de los coautores del estudio, esos cambios podrían tener importantes implicaciones para el comercio mundial y la política global.

Norchi explica que, desde 1982, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar ha otorgado a los Estados costeros del Ártico una mayor autoridad sobre las principales rutas marítimas.

El artículo 234 de la Convención establece que, en nombre de “la prevención, reducción y control de la contaminación marina procedente de los buques”, los países cuyas costas están cerca de las rutas marítimas del Ártico tienen la capacidad de regular el tráfico marítimo de la ruta, siempre que la zona permanezca cubierta de hielo durante la mayor parte del año.

Norchi señala que durante décadas, Rusia ha utilizado el artículo 234 para sus propios intereses económicos y geopolíticos. Una ley rusa exige que todos los buques que pasen por la Ruta Marítima Septentrional sean pilotados por rusos. El país también exige que los buques que pasan paguen peajes y avisen con antelación de sus planes de utilizar la ruta.

Esta estricta reglamentación es una de las muchas razones por las que las grandes compañías navieras suelen evitar la pesada reglamentación y los elevados costes de la ruta y utilizan en su lugar los canales de Suez y Panamá, rutas comerciales más largas, pero más baratas y fáciles.

Pero a medida que el hielo cerca de la costa norte de Rusia comience a derretirse, sugiere Norchi, también lo hará el control del país sobre el transporte marítimo a través del Océano Ártico.

“Estoy seguro de que los rusos seguirán invocando el artículo 234, que intentarán respaldar con su fuerza -subraya Norchi, citado por Eureka Alert-. Pero serán desafiados por la comunidad internacional, porque el Artículo 234 dejará de ser aplicable si no hay una zona cubierta de hielo durante la mayor parte del año. No sólo eso, sino que con el deshielo, la navegación saldrá de las aguas territoriales rusas y entrará en aguas internacionales. Si eso ocurre, Rusia no puede hacer mucho, porque el resultado depende del cambio climático y de la economía del transporte marítimo“.

Según Lynch, estudios anteriores han demostrado que las rutas del Ártico son entre un 30% y un 50% más cortas que las del Canal de Suez y el Canal de Panamá, con una reducción del tiempo de tránsito estimada entre 14 y 20 días. Esto significa que si las aguas internacionales del Ártico se calientan lo suficiente como para abrir nuevas rutas, las compañías navieras podrían reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en aproximadamente un 24%, al tiempo que ahorrarían dinero y tiempo.

“Estas posibles nuevas rutas en el Ártico son algo útil a tener en cuenta cuando se recuerda el momento en que el buque Ever Given quedó varado en el Canal de Suez, bloqueando una importante ruta marítima durante varias semanas -subraya Lynch-. La diversificación de las rutas comerciales -especialmente si se consideran nuevas rutas que no pueden bloquearse, porque no son canales- da a la infraestructura mundial de transporte marítimo mucha más resistencia”.

Lynch considera que es mejor plantear las preguntas sobre el futuro del transporte marítimo ahora en lugar de hacerlo más tarde, dado el tiempo que puede llevar establecer leyes internacionales. Para contextualizar, añade, los gobiernos del mundo tardaron 10 años en negociar la Convención sobre el Derecho del Mar.

La investigadora espera que iniciar la conversación sobre el futuro del comercio en el Ártico con estudios bien documentados podría ayudar a los líderes mundiales a tomar decisiones informadas sobre la protección del clima de la Tierra de futuros daños.

“Señalar ahora estos cambios que se avecinan podría ayudar a evitar que se conviertan en una crisis que tenga que resolverse rápidamente, lo que casi nunca sale bien -advierte-. Elaborar realmente acuerdos internacionales con cierta previsión y deliberación es, sin duda, una mejor manera de proceder”.