29 de diciembre de 2019 00:00

Bonos verdes fomentan negocios sostenibles

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Isabel Alarcón. Redactora (I)
ialarcon@elcomercio.com

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La lucha contra el cambio climático ha promovido la creación de nuevos instrumentos que ayuden a combatir a este fenómeno. Una de estas herramientas, que ha cobrado más fuerza y popularidad durante los últimos 10 años, es la emisión de los bonos verdes.

Estos aparecieron en el mercado internacional en el 2008, cuando se emitieron USD 490 millones. El año pasado, la cifra llegó a USD 165 000 millones, que fueron emitidos por empresas, municipios, bancos y organismos internacionales.

Ahora Ecuador también es parte de esta tendencia. La semana pasada, se llevó a cabo la primera emisión de bonos verdes en el mercado de valores ecuatoriano y el Banco Pichincha se convirtió en la primera empresa del país en realizar esta transacción por un monto inicial de USD 150 millones.

Samanta Villegas, consultora ambiental, dice que con esto se busca priorizar iniciativas que sean responsables con el ambiente. Al apoyar a este tipo de proyectos, se está promoviendo un cambio gradual en el modelo de producción del país.

María Amparo Albán, experta en sostenibilidad y abogada especializada en temas ambientales, explica que el esquema de los bonos verdes empieza con los emisores, que son quienes garantizan la fidelidad del instrumento. Aunque en muchos casos son los bancos, los emisores pueden ser entidades públicas como privadas.

En el sector público, por ejemplo, pueden ser los gobiernos nacionales, subnacionales o las Instituciones Financieras Nacionales de Desarrollo. En el privado, pueden ser empresas, entidades financieras o fideicomisos que financian proyectos específicos.

En Ecuador, Banco Pichincha se convirtió en la primera empresa en realizar la transacción y tres entidades financieras internacionales de desarrollo invirtieron en esta. Se trata de Corporación Financiera Internacional del Grupo Banco Mundial (IFC), BID Invest (miembro del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo) y Proparco.

Gema Sacristán, directora General de Negocio de BID Invest, explica que este organismo trabaja con los emisores en la evaluación de las líneas de negocio susceptibles de ser financiadas por un bono verde, así como en el proceso de selección, monitoreo y reporte de indicadores sobre estos proyectos verdes.

A diferencia de los bonos tradicionales, dice Sacristán, el emisor tiene un compromiso de transparencia y de reporte con los inversionistas. En este caso, Banco Pichincha reportará anualmente los proyectos verdes que han sido financiados. La Asociación Internacional del Mercado de Capitales (ICMA) ha establecido los principios que rigen las actividades que pueden ser financiadas por un bono para considerarse “verde”, y también ofrecen guías.

Para asegurarse de que un bono es verde, explica Sacristán, además del marco de referencia, se requiere una opinión de segundas partes. En algunos casos, se complementa con una certificación por un tercero independiente con base en los Climate Bonds Standards de la organización Climate Bond Initative.

En el país, la emisión de estos bonos representa uno de los pasos para alcanzar las metas del Acuerdo de París. La experta de BID Invest explica que en el caso del bono verde de Banco Pichincha, los fondos derivados de esta transacción están destinados a apoyar proyectos relacionados con la eficiencia energética, energías renovables, producción limpia, construcción y transporte sostenible, y gestión de residuos. En estos casos, la tasa de interés es inferior a la del mercado para incentivar este tipo de proyectos.

Para Albán, es importante determinar los campos prioritarios en el país y considera que se debería dar más énfasis a las iniciativas relacionadas a la agricultura sostenible.

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