El duelo no sigue cinco etapas y entenderlo puede ayudarte a sanar

Qué dice la ciencia sobre cómo superar el duelo por la muerte de un ser querido, qué hacer con la culpa y a dónde acudir en Quito.

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Sandra tiene 70 años y estuvo casada 49 con Francisco (nombres protegidos). Desde que se jubilaron caminaban juntos cada tarde y tomaban un café en algún centro comercial. Cuando a él le detectaron un cáncer que avanzó rápido, ella dejó todo para cuidarlo.

Francisco murió a los 72. Después del entierro, ella repetía lo mismo entre el llanto: que no podía ser, que le había dado todo, que no sabía vivir sin él. Vistió de negro riguroso durante meses.

📊 Los duelos que se viven en el Ecuador

En 2024, último registro de defunciones del INEC, murieron 89 547 personas en Ecuador, principalmente por enfermedad -como en el caso de Francisco-, homicidios y siniestros de tránsito. Cada una dejó atrás a una familia que vive su duelo de manera distinta.

En Quito fallecieron 8 605 personas ese año y la Secretaría de Salud del Municipio registró 906 atenciones por duelo en sus servicios de psicología y psiquiatría.

Al año siguiente, esos servicios registraron un aumento a 1 352 atenciones. Y en los nueve meses de este 2026 ya suman 1 475, más que cualquiera de los dos años anteriores completos.

El alza más fuerte aparece entre los adolescentes. Las atenciones a personas de 10 a 19 años pasaron de 178 a 455 en ese periodo: hoy representan casi un tercio del total y ya igualan al grupo de 40 a 64 años, que siempre encabezó la lista. Tres de cada cuatro atenciones corresponden a mujeres.

Este 2 de noviembre, Día de los Difuntos, los cementerios de Quito volverán a llenarse desde la madrugada. Detrás de cada tumba limpiada hay alguien que tuvo que aprender a vivir sin esa persona.

🪨 La culpa que le quita la libertad a quien se queda

Patricia (nombre protegido) tiene 57 años y enterró a su segundo hijo, un joven de 24 que acababa de graduarse de ingeniero. Salió a celebrar con sus amigos y un siniestro de tránsito lo dejó en coma. Murió pocos días después.

Durante meses repitió siempre lo mismo: que le falló, que ella le dio permiso, que se durmió, que no estuvo pendiente. Ocho meses más tarde, sus otros dos hijos le propusieron un viaje para celebrar su cumpleaños. Se negó. Cómo hacerlo, si su hijo había muerto. No se sentía con derecho.

“La culpa es una de las cosas más difíciles en el duelo”, dice Ximena León, que acompaña grupos de duelo en el Hospice San Camilo, en Quito. “En el caso de Patricia, aunque la sentía, no era real, pero le quitaba la libertad”. Esa culpa aparece en casi todos los duelos. El problema empieza cuando se convierte en rumiación, es decir, cuando la persona da vueltas al mismo pensamiento sin llegar a ninguna parte.

María Eugenia Yumiceba, psicóloga clínica, tanatóloga y fundadora del centro Lirium, la escucha así en consulta: “Si hubiera llamado antes”, “Si hubiera insistido”, “Si hubiera elegido otro hospital”.

Y describe tres señales que marcan el punto en que esa revisión interminable ya pesa demasiado: la persona vuelve a las mismas preguntas sin encontrar una respuesta nueva, descuida el descanso o se aleja de los demás.

Un estudio con 690 adultos portugueses, publicado este año en la revista ‘Death Studies‘, confirmó esa vía: la culpa agrava el duelo a través de la rumiación y de la evitación.

Para romper el circuito, Yumiceba identifica el pensamiento que se repite y separa los hechos de las suposiciones. Luego revisa con la persona qué sabía en ese momento y qué estaba realmente bajo su control. “Sentirse culpable no demuestra haber causado una muerte“, dice. “El objetivo es que recordar deje de convertirse en un castigo permanente”.

💔 ¿Qué pasa en las primeras horas?

En los primeros días aparecen la incredulidad y el desconcierto. La persona comprende lo sucedido y, al mismo tiempo, siente que no puede ser verdad. Algunos buscan el teléfono para llamar a quien murió. Otros esperan encontrarlo al llegar a casa.

“El primer día puede recordarse por fragmentos: la llamada, una frase, una imagen, los trámites”, explica Yumiceba.

Unas personas lloran mucho; otras se concentran en resolver asuntos; otras sienten una especie de anestesia emocional. “Ninguna de esas respuestas mide cuánto amaban a quien murió“, advierte.

Quienes llaman en esos días a la teleconsulta municipal piden tres cosas, según Daniela Andrade, psicóloga y jefa de Salud Mental de la Secretaría de Salud del Municipio de Quito: contención emocional inmediata, saber si lo que sienten corresponde a un proceso normal y pautas para darle la noticia a un niño o a un adulto mayor.

🔄 Las cinco etapas del duelo no son un mapa

El esquema de las cinco etapas —negación, ira, negociación, depresión y aceptación— se repitió tanto que la gente lo toma como si fuera el camino correcto. La psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross lo describió en 1969 a partir de pacientes terminales, no de personas en duelo.

Convertido en regla, el modelo se vuelve una exigencia. “Ya debería haber pasado la ira” o “Si hoy volví a llorar, estoy retrocediendo” son frases que Yumiceba escucha en consulta.

El modelo nunca tuvo detrás un cuerpo de investigación que lo respaldara. Una revisión de 2021 firmada por Margaret Stroebe y Henk Schut, dos investigadores de referencia en el campo, concluyó que el esquema de etapas carece de validez empírica y que presentarlo como un camino definido lleva a quien está en duelo a creer que lo está afrontando mal.

Esos mismos investigadores propusieron lo que hoy describe mejor el proceso: un vaivén entre el dolor de la pérdida y la reconstrucción de la vida diaria. Las emociones se mezclan, reaparecen y cambian de intensidad. Yumiceba lo compara con una montaña rusa por la que se puede transitar en un mismo día. Alguien disfruta un momento en familia y, unas horas después, siente profundamente la ausencia.

“El duelo necesita comprensión; convertirlo en una lista de etapas puede añadir sufrimiento”, resume. Por eso en consulta repite que el duelo no se supera, sino que se transita y se integra.

🌱 La mayoría de las personas se recupera sin terapia

Es una de las conclusiones más sólidas del campo y una de las menos conocidas. El psicólogo George Bonanno, de la Universidad de Columbia, siguió a 205 personas del área de Detroit, en Estados Unidos, antes y después de la muerte de su cónyuge. El 45,9% mantuvo niveles bajos de malestar. La trayectoria más común fue la resiliencia.

Resiliente no significa que no duela. Esas personas igual sienten añoranza y pensamientos intrusivos. Significa que siguen funcionando.

La Secretaría de Salud describe lo mismo en su red: la mayor parte de quienes consultan atraviesa un duelo adaptativo y necesita escucha, validación y pautas de autocuidado. Solo un porcentaje menor se deriva a psicoterapia.

Yumiceba añade un matiz. Todo depende de la historia de cada persona y de sus apoyos: familia, amigos, trabajo, economía, salud, actividad física, espiritualidad y fe. Quien está en mayor vulnerabilidad en varios de esos frentes la pasa mucho peor. “Hay quienes buscan un asesoramiento, más que terapia”.

Ahora bien, el duelo intenso y sostenido también enferma. Un estudio danés publicado en 2025 siguió durante diez años a 1 735 personas que perdieron a un familiar. El 6% mantuvo síntomas altos que no cedieron. Ese grupo tuvo 88% más riesgo de morir por cualquier causa en la década.

🚩 Cuándo el duelo necesita atención especializada

Yumiceba prefiere no hablar de duelos anormales. “Llamar ‘anormal’ al dolor puede hacer que la persona se sienta juzgada”, advierte. Habla de señales de necesidad de atención y prioriza tres.

La primera es el riesgo para la propia seguridad: pensamientos de suicidio, autolesiones o un abandono grave del autocuidado. Esas señales requieren valoración inmediata.

La segunda es el deterioro importante y sostenido de la vida cotidiana. La persona no logra cubrir necesidades básicas, cuidar de sí misma ni mantener responsabilidades esenciales, considerando cuánto tiempo pasó y con qué apoyos cuenta.

La tercera es un sufrimiento persistente que domina casi toda la vida: añoranza absorbente por quien murió, acompañada de aislamiento, evitación o pérdida de sentido.

Los equipos municipales aplican criterios equivalentes. En cambio, llorar, conservar recuerdos o sentir tristeza en fechas especiales no significa tener un trastorno.

Si usted o alguien cercano atraviesa alguna de esas tres señales, puede llamar al 171, opción 6, del Ministerio de Salud Pública.

🏥 Las opciones para acudir en Quito y cuánto cuesta

Si es una crisis. El Ministerio de Salud Pública atiende en la línea 171, opción 6, con psicólogos clínicos, de lunes a viernes de 08:00 a 20:00 y los sábados de 08:00 a 14:00. Las llamadas que llegan al 911 sin riesgo vital, pero con riesgo para la vida, se derivan a esa misma línea.

Si quiere empezar una terapia. La opción 1 del 171 agenda citas psicológicas en el centro de salud del MSP más cercano. El Municipio tiene su propia teleconsulta gratuita en el 101 o el 1800 510 510, opción 9, de lunes a viernes de 07:00 a 19:00. Una cita demora entre 24 y 72 horas y la atención presencial unos 15 días, con prioridad para los casos de mayor riesgo. El número de sesiones depende de esa valoración: seis para riesgo bajo, doce para riesgo moderado, veinte o más para riesgo alto.

Para atención presencial, los Servicios Ambulatorios Intensivos del MSP funcionan en Guamaní, Chimbacalle, Calderón, Comité del Pueblo, Conocoto y Yaruquí. Los hospitales Enrique Garcés, Pablo Arturo Suárez y Docente de Calderón tienen unidades de salud mental, igual que el Centro de Atención Ambulatoria Especializado San Lázaro.

En el sector privado, el centro Lirium cobra entre 40 y 50 dólares la consulta individual y sostiene grupos de apoyo gratuitos, con dos encuentros virtuales y uno presencial al mes en Quito.

Antes de elegir terapeuta, Yumiceba sugiere preguntar cuál es su formación específica en duelo, qué experiencia tiene con pérdidas parecidas y cuándo consideraría necesaria una derivación.

No hace falta esperar un plazo determinado. Se puede consultar desde los primeros días si se necesita orientación o contención.

🤲 Qué decir y qué callar frente a alguien que perdió a un ser querido

Lo que hace daño suele venir con buena intención. Ocultar la verdad quita la confianza. No hablar del tema “para que no sufra” aísla a quien sufre. Y están las fórmulas sociales: que dejó de sufrir, que Dios sabe lo que es mejor, que tiene un angelito en el cielo que lo cuida, que hay que ser fuerte.

“Saber que dejó de sufrir no quita el dolor de la ausencia”, enfatiza León.

Querer que alguien deje de llorar, añade, revela sobre todo la propia incapacidad de acoger esas lágrimas. Y ser fuerte no puede ser una obligación en el momento en que el corazón se desgarra.

Lo que sí sirve parece poco: escuchar, abrazar, permanecer en silencio junto a quien sufre. “Hablar solo cuando las palabras sean mejores que el silencio“, resume.

🕯️ Lo que viene después del 2 de noviembre

Para quien está en duelo, la fecha deja de ser solo la tradición de la colada morada y las guaguas de pan. Significa darle un espacio a la ausencia en medio de una tradición. Puede acompañar y doler al mismo tiempo. “Sentir más tristeza ese día no significa haber perdido lo avanzado”, dice Yumiceba. Algunas familias visitan el cementerio, comparten una comida y cuentan historias. Otras prefieren un recuerdo íntimo o no participar. Lo importante es que exista libertad para elegir.

Ella propone una pregunta para quien quiere acompañar: ¿Cómo te gustaría recordar a esta persona y qué necesitas de nosotros ese día? “Recordar juntos puede aliviar la soledad, incluso cuando todavía duele“.

Al modo de recordar cada quien llega por su camino. Un padre que perdió a su hija de 30 años pasó semanas en silencio, irritado por las visitas, las preguntas y los consejos. Le sugirieron escribir. Empezó por las cartas que habría querido darle.

Sigue escribiendo a diario. Ha vuelto poco a poco a conversar con su esposa y hay días en que salen juntos. No ha encontrado respuestas. A ratos reconoce que no las hay.

Sandra, la viuda de Francisco, tardó un año en volver a salir. Se integró a un grupo de 60 y piquito e hizo un par de amigas. Han pasado cuatro años. Hoy los recuerdos de Francisco son, a menudo, de momentos agradables y hasta chistosos.


Preguntas frecuentes sobre cómo superar el duelo por la muerte de un ser querido

❓ ¿Cuánto dura el duelo por la muerte de un ser querido?

No existe un tiempo correcto. La mayoría de las personas recupera su funcionamiento durante el primer año, aunque siga extrañando a quien murió. Una cohorte danesa siguió a 1 735 personas durante diez años: el 38% mantuvo síntomas bajos desde el inicio y el 29% los vio bajar con el tiempo. Solo 6% sostuvo síntomas altos que no cedieron. En consulta, la psicóloga María Eugenia Yumiceba lo resume así: el duelo no se supera, se transita y se integra.

❓ ¿Es verdad que el duelo tiene cinco etapas?

No. El modelo de las cinco etapas de Elisabeth Kübler-Ross nunca tuvo respaldo como secuencia obligatoria. La psiquiatra lo describió en 1969 a partir de pacientes terminales, no de personas en duelo. Las emociones se mezclan, reaparecen y cambian de intensidad, como en una montaña rusa por la que alguien puede transitar en un mismo día. Creer que hay etapas obligadas añade sufrimiento, porque lleva a pensar que uno lo está haciendo mal.

❓ ¿Qué es la rumiación en el duelo y por qué es un problema?

Es dar vueltas al mismo pensamiento sin llegar a ninguna parte: “si hubiera llamado antes”, “si hubiera insistido”. La culpa aparece en casi todos los duelos y por sí sola no atasca el proceso. Lo hace cuando se vuelve rumiación. Hay tres señales de que ya pesa demasiado: volver a las mismas preguntas sin encontrar una respuesta nueva, descuidar el descanso o alejarse de los demás. Un estudio con 690 adultos portugueses, publicado este año en Death Studies, confirmó esa vía.

❓ ¿Cuándo hay que buscar ayuda profesional por un duelo?

Ante tres señales: riesgo para la propia seguridad, deterioro sostenido de la vida diaria o un sufrimiento que domina casi todo. La primera exige valoración inmediata. La segunda aparece cuando la persona no logra cubrir necesidades básicas ni sostener responsabilidades esenciales. La tercera, cuando la añoranza absorbente viene con aislamiento y pérdida de sentido. Llorar, conservar recuerdos o entristecerse en fechas especiales no significa tener un trastorno.

❓ ¿Dónde conseguir ayuda psicológica gratuita por duelo en Quito?

En crisis, la línea 171, opción 6, del Ministerio de Salud Pública, de lunes a viernes de 08:00 a 20:00 y sábados de 08:00 a 14:00. Para agendar una cita, la opción 1 de esa misma línea deriva al centro de salud más cercano. El Municipio ofrece teleconsulta gratuita en el 101 o el 1800 510 510, opción 9, de lunes a viernes de 07:00 a 19:00. No hace falta esperar un plazo: se puede consultar desde los primeros días.


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