23 de junio de 2019 01:06

El abandono propicia violencia

Uriel Castillo dirige la Iniciativa Ciudadana Somos Decenio y presidió por un año la Comisión de Intervención de la Universidad de Esmeraldas. Foto: Enrique Pesantes / El Comercio

Uriel Castillo dirige la Iniciativa Ciudadana Somos Decenio y presidió por un año la Comisión de Intervención de la Universidad de Esmeraldas. Foto: Enrique Pesantes / El Comercio

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Alexander García

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Uriel Castillo Nazareno centra el tema del abandono social en quien lo origina. Habla del problema en términos de codependencia. Y se refiere al vacío al que están sujetos los abandonados. El Presidente de la Iniciativa Ciudadana Somos Decenio, que pliega a la propuesta de Naciones Unidas de justicia y desarrollo para las diásporas africanas, aterriza también el tema del desamparo en su natal Esmeraldas.

¿Qué primeras reflexiones le suscita el concepto de abandono?

Cuando nos referimos a un abandono es necesario pensar en que alguien lo origina. Y cuando nos acercamos al Bicentenario de la fundación del Estado ecuatoriano hay que decir que en 200 años el Estado no ha dado una respuesta a los problemas del país. Entonces ocurre algo profundo, no es solo un tema de corrupción, de preferencias, de perspectiva, aquí pasa algo más.

¿Es un problema que está ligado a la historia del país?

Está ligado a cómo nos originamos como Estado, como República, a esta permanente crisis de pobreza, una sociedad que en vez de generar bienestar genera pobreza. Es una maquinaria que genera pobreza.

Y la pobreza, claro, está relacionada con el tema que nos ocupa...

Tenemos un Estado que no tiene capacidad de resolver, este Estado es el que abandona.

Etimológicamente la palabra abandono viene del francés ‘abandonner’ y de la expresión ‘dejar en poder de alguien’. En este caso, ¿sería dejar en poder de alguien o de nadie?


La contraposición a la palabra abandono es la manumisión, digamos que la manumisión es la libertad, una verdadera emancipación. El verbo manumitir se refirió en un tiempo a conceder la libertad a un esclavo, es decir es hacer que alguien o algo quede libre de una sujeción o servidumbre. Y en el abandono estamos sujetos a la dependencia de ese algo o alguien que abandona.

¿El concepto está ligado a menudo también a una percepción de vacío?

Claro, porque al ser abandonado no existes sino en relación con... El vacío se genera porque tú te defines en relación con ese algo que te abandona. La manumisión es lo contrario, es llenar el vacío, me defino de una manera diferente, lejos de quien... Lejos de quien me tiene o a quien ­estoy sujeto, es en vez de vacío, plenitud.

¿Y ha costado hacerlo como país?

No hemos podido hacerlo. Y aún no estamos hablando de afroecuatorianos o indígenas, sino en general como sociedad. Porque el tema de las minorías es en relación con el poder, esto va más allá, y es un problema de estructura. El vacío se remonta incluso a nuestra definición como país. Y vuelvo a la fundación del Estado en 1830, unos hablan de septiembre, otros de agosto, la conformación de la República que se da en Riobamba (con la Constitución política como partida oficial de nacimiento del Ecuador), esa fecha no se la recuerda en las escuelas ni colegios, ni en los actos cívicos. Celebramos revoluciones importantes, previas a la entrada a la Gran Colombia, nadie hablaba de un país ahí.

¿Cómo se relaciona esto con el tema? ¿Habla de un vacío identitario también?

No reconocemos lo que somos, celebramos cosas que no tienen que ver con el Ecuador. La posibilidad de la República aparece en otro momento, no pasó hasta 1830, ocho años después (de las revoluciones que recordamos). Esa fecha es borrada de la historia, nadie la recuerda. Y desde entonces existen unos grupos de interés, que asumen al país en micro y es el problema que tenemos en el fondo. Cada grupo defiende lo suyo y ninguno cede a una cosa mayor, prefieren quedarse ahí con su riqueza de patio. Es un tema de comprenderse en un contexto social mucho más amplio. Lo que ocurrió con la fecha sucedió también con el nombre de Ecuador, con cuatro tipos encerrados pensando qué nombre ponerle al país, pensando en evitar herir susceptibilidades regionales. Entonces, si no entiendes la fecha y el nombre con el que naces estamos en un profundo vacío y de allí creo que arrancan muchos de nuestros problemas.

Existe el abandono de la pareja, el de los padres en la infancia, ¿qué pasa cuando el desamparo es estatal?


Esto genera una tremenda frustración, una sensación de impotencia profunda de los individuos y las familias que saben que individualmente no pueden resolver el problema y que por otro lado tampoco existe una cultura organizativa para darles respuestas a otros niveles (...) El Ecuador es un país relativamente pequeño y existe un Estado que no puede mantener satisfecho a un pueblo pequeño; allí tienes otra referencia de ineficiencia.

¿La ineficiencia es otro de los temas transversales?

Totalmente. Si estuviéramos en Brasil, un subcontinente, pudiéramos decir que tienes partes del país que no puedes controlar. Pero por ejemplo Esmeraldas no es Ecuador, Esmeraldas es incontrolable para el Estado ecuatoriano.

¿Por qué?

Un ejemplo muy simple, una frontera está definida por una aduana, un cuerpo de Policía de Migración... Pero usted puede cruzar a Colombia sin cédula y de Colombia puede venir a Ecuador sin documento, esto pasa en Esmeraldas. Cómo es que hablamos del peligro subversivo y narcoterrorista en el norte de Esmeraldas y por qué no cuenta con los elementos institucionales que definen el control de una frontera. El Estado no ejerce su soberanía ni lo quiere hacer, parece que le va mejor no ejerciendo el poder en estos territorios.

Colombia y las zonas de frontera de Ecuador han demostrado que cuando el Estado abandona a su suerte territorios periféricos, la ilegalidad llega a ocupar ese lugar. ¿En el abandono se instalan violencias?


Claro, pienso en nombres como ‘Guacho’, ‘Látigo’, ‘Las Águilas Negras’ o ‘Rangel’. Ya a inicios del siglo XXI, cuando usted viajaba al norte de Esmeraldas tenía que ir preparado con la documentación y las justificaciones necesarias porque estos grupos delictivos sí tenían su aduana y pedían explicaciones. Creo que es un tema no muy lejano a lo que ocurre en el Oriente ecuatoriano. Y no es un tema de un gobierno, es estructural. En este caso parece que hubiera intereses para que estas zonas aparezcan como abandonadas. Hay circunstancias diferentes, como las zonas marginadas de Guayaquil, donde también ha existido un abandono.

¿Luego se instalan también el desorden, el caos?

La violencia se instala como necesidad de suplir. O sea, lo que no puedo obtener por una vía se lo hace por conducto de la violencia.

¿Qué decir del problema de la codependencia?

En Esmeraldas lo puedes ver. Una sociedad que pasa las crisis que le tocan y no es capaz de unirse para reflexionar sobre su realidad. No hay pensamiento colectivo, individualmente hay gente brillante, pero como sociedad no tiene derrotero posible y pareciera que necesitaría que otros la piensen como sociedad. Los esmeraldeños marchan a menudo en el mismo terreno y viven las mismas lógicas del Estado que abandona, creen que lo están haciendo bien, hacen su mejor esfuerzo, pero pierden de su cabeza el significante histórico internacional.

Si lo llevamos al abandono infantil, sería un trauma terrible. ¿Cómo liberarnos de ese trauma social?

Con un trabajo de educación profunda, que es un talón de Aquiles en esta zona. La solución parte de la educación, sin olvidarnos del tema productivo. Hay escuelas y colegios con instalaciones en pésimas condiciones en Esmeraldas, analfabetismo -los más altos del país-, la provincia es un caso especial por su nivel de pobreza profunda. Y es clave la Universidad Pública Luis Vargas Torres, creo que no es posible resolver los problemas profundos de la provincia sin una buena universidad. Si tenemos perdida la universidad no hay forma. La universidad no supera aún sus problemas más básicos, para poder empezar a construir luego la posibilidad de la calidad.

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