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Más allá de estética, transmasculinos van tras de su identidad

Gabriel y Sebastián Andrade fabrican ‘binders’ y prótesis, en La Tiendita Trans. Foto: Julio Estrella/ EL COMERCIO

Ellos prueban con todo lo que les ayuda a ocultar el pecho: se fajan con vendas kinesiológicas o elásticas, que ajustan tanto como pueden; adaptan tops y usan la ‘trans tape’ o cinta adhesiva.

Las secuelas son irritación en la piel, dolor de espalda y afectaciones serias por la compresión, que casi no les permite respirar.

Los transmasculinos son personas asignadas con el género femenino al nacer, por sus genitales. Pero que se identifican con lo masculino, por lo que para vivir su identidad ocultan sus senos, se cortan el cabello, se hormonizan, etc.

Desde hace casi tres años, la Organización Mundial de la Salud dejó de ubicar a la transexualidad como un trastorno mental. En su clasificación de enfermedades, la incongruencia de género -sentimiento de pertenecer al sexo opuesto- era otra afectación mental. Pero en el 2018 pasó al apartado sobre salud sexual.

Gabriel tiene 24 años y hace seis empezó la transición, pasó de lo femenino a lo masculino. Quiere someterse a una masectomia (extirpación de los senos). Pero su trabajo como asistente en una veterinaria -por la pandemia– es de medio tiempo. Y no ha logrado ahorrar USD 3 000 para costear la cirugía.

“El busto es la zona más conflictiva para nosotros. Buscamos cubrirlo”, anota Gabriel, quien también se hormoniza, por lo que su rostro, espalda y piernas lucen más anchos.

En el colegio usaba vendas elásticas y de gasa, para esconder el pecho, que le dejaban moretones y mucho dolor en espalda y pecho. Un día se desmayó por la falta de oxígeno.

José, de 28, quisiera que alguien le hubiera brindado información abiertamente sobre los implementos necesarios para vivir su transición.

“Sentía que era trans, pero hallé pocos datos en Internet”, recuerda. Así que decidió fajarse y adaptó tops ajustados, que no cumplieron su cometido para ocultar el busto, y ‘tape’, que irritó su piel sensible.

Sebastián Andrade, de 24 años, se practicó la mastectomia en 2017. Pero antes vivió experiencias parecidas a las de sus amigos. Así que en 2019 junto a Gabriel, con apenas USD 60, arrancaron con una misión: fabricar ‘binders’, ropa interior, a manera de pechera que comprime el pecho.

La prenda es usada por quienes buscan una apariencia masculina o andrógina. Los chicos trans que acceden a ella la compran en el extranjero.

“Pensamos en crear un producto asequible. Es supercomún que usemos una faja, que lastima; además incomoda, no deja respirar ni comer incluso”, relata Andrade.

Al escuchar esas historias pareciera que el fin de fajas y ‘binders’ fuera solo estético. Pero Édgar Zúñiga asegura que no. Es coordinador de la Red Ecuatoriana de Psicología por la Diversidad Lgbti.

Para entender a los transmasculinos, Zúñiga propone un ejercicio de empatía. Pensemos, pide, en lo que significa e implica ser hombre.

“¿Cómo nos gusta lucir? Si a un hombre biológico debido a una circunstancia médica le empezaran a salir senos, ¿cómo se sentiría? Incómodo -responde- ya que es algo que no corresponde a un cuerpo masculino. Y seguro buscaría la forma de disimularlo”.

“Los hombres transgénero sienten inconformidad persistente con su corporalidad femenina. Por eso para los trans, la pubertad es un tiempo doloroso y hasta traumático”, señala Zúñiga, quien comenta que para disimular los senos se vendan y se provocan contracturas musculares, por la gran presión que aplican.

Iván Ramírez, cirujano plástico, realiza mastectomia por cambio de género. Algunos pacientes llegan con piodermititis y dermatitis por contacto, por el uso de fajas. Los ‘binders’ como los de La Tiendita Trans -dice- son parecidos a chalecos, no generan presión exagerada; los recomiendo para el post operatorio.

“Para las personas transgénero es un paso importante; he operado hasta a abuelos. Además les suelo hacer una lipoaspiración, ya que buscan que su tórax quede más masculino. Hay que ser cuidadosos con la forma de la aureola”.

Otro implemento que usan los chicos trans es una prótesis peneana, anota el psicólogo. No solo dan la ilusión del órgano sino que tienen una funcionalidad, que les permite miccionar parados, en baños.

Gabriel admite que a veces siente que la gente les pasa como por escáner. “Revisan que no tengamos pecho, que seamos musculosos y nos miran la entrepierna”. En muchas ocasiones al ir al sanitario, apunta, llaman la atención si no pueden usar el urinario. Por eso él, tiempo atrás, importó una prótesis, que resultó costosa.

En La Tiendita Trans de Gabriel y Sebastián, hay ‘binders’ y prótesis. “Fallamos hasta dar con la tela hipoalergénica; usamos materiales que no dañen la piel. Sabemos -afirman- de las necesidades de otros chicos como nosotros”.

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