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Yunda y Palacios

El alcalde electo de Quito, Jorge Yunda, no ha tenido tiempo de celebrar; alcanzar un bajo porcentaje de respaldo (21.35%) cuando en los últimos 27 años sus antecesores recibieron sobre el 40 y 50%. Y contar con apenas tres de los 21 concejales le ha enfrentado a la realidad de una gobernabilidad que le resultará esquiva a menos que logre los apoyos suficientes. Para comenzar, ha invitado a los ex alcaldes a integrar un consejo consultivo.

La fragmentación del Concejo es el resultado más visible de la dispersión de los candidatos (18 para alcalde). Seis organizaciones políticas tendrán representación en el Municipio; la más numerosa será Fuerza Compromiso Social que impulsó la candidatura de Luisa Maldonado del correísmo, con nueve ediles. Las decisiones se toman con 11 votos de los 21 concejales.

¿Por qué Jorge Yunda, exasambleísta por Alianza País que hoy participó por el movimiento Unión Ecuatoriana del exfiscal Washington Pesántez, es el nuevo alcalde de Quito y no alguno de aquellos candidatos con dilatada trayectoria y credenciales que afirmaban que ganarían la elección?

Encantados de sí mismos, ciertos aspirantes daban por hecho su triunfo sin más argumento que la errada visión producto de su vanidad; esa misma vanidad que ofuscó a sus líderes que ni siquiera midieron las reales posibilidades de sus partidos y candidatos y llevaron a los electores, sobre todo a los de la clase media que los respaldan, a repartir los votos entre distintos nombres de corrientes cercanas. Así, Montúfar, Holguín, Solines y Vintimilla se neutralizaron, mientras pavimentaron la ruta para que un contradictor ideológico llegue a la meta.

Los últimos días de la campaña fueron trepidantes y mostraron dos realidades de ciudad o, por lo menos, dos estilos distintos. Con denuncias y acusaciones Paco Moncayo y César Montúfar crisparon la contienda y se hicieron daño; la gente miró a Yunda que hacía bromas, divertía con conciertos y anunciaba que cuidará a las mascotas. Y a Maldonado que hizo campaña con su pie fracturado. El general y el politólogo fueron relegados.

Lo de Cuenca es similar pero con matices. La gente se hartó de los discursos de hipérbole política y de los enfrentamientos y se decantó por quien se mantuvo por fuera de la disputa. Pese a la experiencia, Marcelo Cabrera y Paúl Carrasco no se dieron cuenta de que, mientras se atacaban, Pedro Palacios, auspiciado por Democracia Sí, de Gustavo Larrea, y Ecuatoriano Unido, del hermano del presidente Moreno, había conectado con la gente, en especial con los jóvenes, hablándoles los temas de su interés; creando identidad. Se presentó como empresario y profesor universitario; usó Facebook para intercambiar opiniones y WhatsApp para enviar videos con mensajes positivos y fue a los debates. Sacó 28,05%, seis puntos más que su inmediato seguidor, Jefferson Pérez que, a pesar de haber liderado las preferencias por buen tiempo, no llegó a la meta.

Columnista invitada

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