Abelardo Pachano

Una visión crítica

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Viernes 20 de julio 2012
20 de July de 2012 00:01

El premio Nobel de Economía Paul Krugman reconocido por su militancia liberal-demócrata y muy identificado con la línea de pensamiento keynesiana, tan popular en otros tiempos, ha devenido en uno de los más duros críticos de la gestión y política económica europea. Sus afirmaciones llegan al punto de señalar que “si Alemania no cede, el euro se rompe” (Lavanguardia.com del 11 de julio).

Defiende la economía de bienestar, pero no por ello es partidario de manejarla sin responsabilidad. Sus reflexiones siempre están cargadas de conclusiones demoledoras. Las extrae separando el grano de la paja. Reconoce por ejemplo que en España es indispensable “liberalizar el mercado laboral porque la tasa de paro es extravagante y eso es culpa de su mercado laboral disfuncional, pero la sanidad universal y las prestaciones de desempleo básicas deberían seguir”.

Y eso lo sostiene en razón de que la salida de la crisis camina por el mejoramiento de la competitividad de las exportaciones, para lo cual deben aglutinarse dos hechos económicos: crear una situación inflacionaria diferencial entre el centro y la periferia europea que permita encarecer los productos, por ejemplo, alemanes y dar a los españoles un espacio real y conveniente en el mercado. Mientras por otro, la flexibilidad laboral, que reemplazaría al efecto de una devaluación, rompería las barreras que impiden mejorar la eficiencia productiva.

De esta forma utiliza los instrumentos económicos con la oportunidad que aprendió de su profesor Rudiger Dornbush, famoso por sus posturas eclécticas y poco convencionales. De ahí que las reflexiones de Krugman partan del profundo conocimiento que tiene del comercio internacional, el mercado libre y sus indiscutibles valores para el desarrollo. Es un convencido defensor de estos instrumentos y principios, a la vez que, aunque parezca contradictorio, es un terrible adversario de los republicanos por sus radicalismos.

Así se entiende esta cita: “¡La globalización de los mercados ha sido enormemente beneficiosa para la humanidad! Todos los ejemplos de desarrollo económico de la historia se han basado en la integración de los países a los mercados globales… el último ejemplo de país que había conseguido desarrollarse era el Japón de la Revolución Meiji del siglo XIX. Desde entonces hemos asistido al desarrollo de Corea de Sur, China, India, Taiwán, Singapur, Indonesia… Todos los modelos de éxito se han basado en la exportación”.

Ahí está la razón vista de cuerpo entero, explicada con mucha claridad y en palabras sencillas pero precisas de por qué muchos países buscan aprovechar la enormes oportunidades de la globalización, incluso para salir de la crisis, mientras otros con miopía y poco sentido común le dan la espalda.