La Unión Europea, un modelo

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Carlos abella y de Arístegui*
Columnista invitado

Hoy 9 de mayo se celebra el Día de Europa, el “Día nacional” de la Unión Europea, fecha que conmemora la Declaración Schumann de 1950, que a su vez dio lugar a la génesis de la UE, el Acuerdo de París de 1951 que creó la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, hace 67 años.
En este lapso Europa ha conocido el período de paz más largo de su historia, un sólido crecimiento económico y una fecunda estabilidad social.

Los 28 países miembros de la UE hemos logrado una creciente integración política y trabajamos conjunta y cotidianamente en múltiples ámbitos: ambiental, energético, de ciencia y tecnología, de seguridad y defensa, etc... Ello gracias a dos palabras claves en la UE, “consenso” y “acervo”, que recogen nuestra cultura de diálogo y compromisos.

Como resultado, los europeos hoy en día compartimos estudios, trabajo y las oportunidades de todo tipo brindadas por la triple libertad de movimiento de personas, bienes y capitales. Todo ello conlleva que la UE represente un proyecto de integración regional único en la historia de la Humanidad y el más avanzado en cuanto a sus resultados.

¿Pero, cómo se ha logrado todo esto? La respuesta es que compartiendo un proyecto común basado en tres pilares: el Estado de derecho, la economía de mercado y la promoción de los derechos fundamentales.

Se trata de un modelo que no es ideológico y que hace posible contar con una plataforma común de convivencia y actuación a largo plazo. De hecho, es la base compartida en Europa por partidos socialdemócratas, cristianodemócratas, liberales, e incluso por aquellos situados a los extremos del arco político. Y dado que no es un modelo ideológico, se puede compartir con otras regiones del mundo, y en especial con América Latina.

¿Y por qué especialmente con América Latina?
El sociólogo Marcel Merle afirmaba que América Latina es Occidente en desarrollo. Y no le faltaba razón a este autor, dado que Europa y su región hermana americana comparten tradiciones e instituciones políticas, económicas, comerciales, sociales y jurídicas. Por tanto, es natural que europeos y latinoamericanos podamos compartir un modelo no ideológico que proporciona estabilidad a largo plazo, basado en el Estado de derecho, la economía de mercado y los derechos fundamentales.

Si hablamos este lenguaje compartido, sin duda alguna, europeos y latinoamericanos podremos no sólo mantener una interlocución fluida, sino que profundizaremos mucho más en nuestra colaboración en una amplia diversidad de ámbitos. España, como país miembro de la Unión Europea, así lo desea.

*Embajador de España en Ecuador