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La protección de datos personales no es un concepto abstracto sino un derecho fundamental que debemos aprender a entender en lo cotidiano de nuestras actividades, pues es la llave para el control de nuestra identidad en el mundo digital.
Recientemente, la Superintendencia de Protección de Datos Personales (SPDP) emitió tres normativas que impactan en cómo se manejan los datos personales en Ecuador, desde el uso de tus redes sociales hasta cómo las empresas manejan tu información personal. Estas normas buscan equilibrar la libertad de uso de datos personales con la responsabilidad corporativa y ciudadana.
Hasta hace poco, pensábamos que nuestras fotos en el chat de la red social que usamos o el video de la cámara de seguridad de las áreas compartidas de una vivienda estaban protegidos por la exclusión de “actividades domésticas” de la LOPDP. ¿Cuándo mi muro de Facebook deja de ser “privado”?
Muchos ciudadanos creen que lo que publican en redes sociales o en plataformas de mensajería instantánea como WhatsApp, Telegram, Signal entre otros, está exento de la ley por ser “personal”. La Resolución 0003-2026 aclara que, el uso o tratamiento de datos personales deja de ser familiar o doméstica si tiene una finalidad comercial o si los datos se difunden a un número indeterminado de personas. Es decir, a ojos de la normativa quien realiza estas actividadeses un “responsable de tratamiento” a ojos de la Ley Orgánica de Protección de Datos personales y está sujeto a sanciones.
Para los emprendedores y empresarios, la Resolución 0005-2026 elimina la ambigüedad sobre qué es un tratamiento masivo de datos. Se ha creado el Modelo Técnico de Gran Escala (MTGE), donde variables como el volumen de datos, la frecuencia y el alcance geográfico suman puntos que evalúan el riesgo.
¿Qué pasa cuando una empresa ecuatoriana usa servidores en el extranjero? La Resolución 0004-2026 busca que tus datos viajen con una “mochila” de protección, es decir si los datos salen del país, debe existir un nivel adecuado de protección.
La pregunta para el lector no es cómo conectarse más, sino cómo protegerse mejor.
Estas normas no son solo para abogados; son herramientas para evitar el acoso digital, el fraude y el uso abusivo de nuestra información personal. La responsabilidad es compartida, las empresas deben actualizar sus registros y los ciudadanos debemos ejercer nuestro derecho a preguntar: ¿quién tiene mis datos y para qué los usa?