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¿La tarima o qué’?

¿Cómo así el Jefe Rafael está embarcado en una consulta popular cuyas dificultades anticipó él mismo, pronosticando que iba a ser, en efecto, su tarea política más compleja o si se quiere la madre de sus batallas en las urnas y alrededores? ¿Fue una decisión adoptada cuando las encuestas dijeron que su popularidad –después de cuatro años de gobierno- es un caso único en la agitada historia ecuatoriana y quiso aprovechar ese buen momento para una tarea sin duda importante, pero con serias dudas de inconstitucionalidad? ¿Talvez es parte de la estrategia llamada “la tarima”, ya cultivada por otros presidentes del Ecuador y muy amada por Correa? ¿O es simplemente fruto de la angustia de un gobernante que quiere dar un aporte sin precedentes frente al panorama triste que ofrece la justicia ecuatoriana? ¿Qué más?

Es afición por el poder, dicen algunos analistas y chismosos. ¿La tenía desde antes, oculta entre los pliegues de la vida universitaria, o el poder le fue gustando paulatinamente, luego de probarlo durante cuatro largos años -con todo lo bueno, lo sabroso, lo malo y aun lo amargo que entraña- a su paso por Carondelet? Más aún, un personaje nacional –ex jefe militar, ex alcalde y hoy diputado- salió a decir que en el Ecuador se están perfilando ribetes caudillescos. En su entusiasmo llegó a mencionar nombres tan inesperados como los de Hitler, Mussolini y Perón, todo lo cual, según el general Paco, tiene el respaldo de una intensa propaganda y ya se pudo advertir en el trámite de las nuevas leyes tramitadas durante los últimos años.

Hay otras versiones que van por un camino diferente y sostienen que el Jefe se caracteriza por un amor evidente a la tarima que ha sido –dicen en sus análisis- uno de sus baluartes para tan rápido ascenso, pues le permite exponer su oratoria, difundir su carisma y dar codazos a los adversarios. Por eso no desperdicia las oportunidades que se le presentan para “tarimear” tantas veces como sea posible, comenzando por los sábados. Lo cierto es que cuando, tras reiteradas quejas por los avances de la inseguridad, algunos ciudadanos –incluyendo el alcalde Nebot- mencionaron la conveniencia de una consulta el Presidente dijo –según nos imaginamos- “es mi oportunidad” y lanzó sus diez preguntas. Fue cuando anunció paladinamente que metería la mano en la justicia y pidió al público que confiara en su persona luego de lo demostrado durante sus cuatro años de acción. Ya está, pues, en la tarima iniciando la gran campaña y confrontando. Por cierto, se va cumpliendo también su profecía de que venían momentos difíciles. Se destaparon las enemistades pendientes, Ruptura 25 pasó a ser 26, aumentaron las denuncias.

¿Qué no pasa a estas alturas? Los aliancistas y más hinchas proclaman: “meta las manos, confiamos en usted, Jefe” mientras los opositores sostienen porfiadamente que “está metiendo las patas”.

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