Milagros Aguirre

Selva viviente

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Jueves 26 de julio 2018

Hace unas pocas semanas, en el bloque 17, ubicado en la vía Auca (km 62), cuarta línea, durante los trabajos de apertura de una vía de acceso para las plataforma Aurora 1, aparecieron cinco piezas arqueológicas presumiblemente de la fase Tivacuno que ahora están en custodia del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, INPC. El hallazgo es una prueba más de una selva habitada desde hace miles de años y, la apertura de vía, una prueba más de los desastres que se siguen haciendo en la amazonía: una gigantesca herida es frontera de las familias indígenas “aisladas”, pues está apenas a unos metros de una de las plataformas donde, en 2009, una familia campesina fue atacada por lanzas.

Hace un par de días, la prensa titulaba que el famoso ITT (Ishpingo, Tambococha, Tiputini), era la nueva joya de la corona y que de allí saldría todo el petróleo que necesita el Ecuador para superar los problemas económicos en los que está metido: 70 mil barriles diarios, producción mayor a los campos Sacha, Shushufindi y Auca, USD 810 millones.

Esa noticia aparece mientras el ministerio de Justicia socializa el tema de los aislados en las comunidades del Curaray y a los pocos días de informar a las comunidades la ampliación de la Zona Intangible del Yasuní en su límite norte, dejando libre el camino para la explotación de la última gota de crudo del ITT, sin considerar lo que pasará en los próximos 30 años con esa población oculta.

Los resultados de la consulta de febrero disponían esa ampliación para preservar el mayor patrimonio del país. La ampliación por supuesto no es suficiente y, en contraste, el apetito por recursos es cada vez mayor e incluye la apertura feroz de vías que lastiman a la selva.

Estos días Sarayacu hace su propuesta: Kawsay Sacha o Selva Viviente. A la selva le duele lo que hacemos con ella, el desangre continuo, el empobrecimiento, la contaminación de sus ríos. Desde Sarayaku se propone un nuevo modelo, lejos del extractivismo, basado en la riqueza de la selva, en la no contaminación, en la vida comunitaria y el fortalecimiento de la organización. Quienes se oponen a la minería en el sur, también han hecho su propuesta de respeto a los territorios pues también consideran que territorio y vida son la misma cosa.

¿Escucharemos algún día a la selva viviente? La propuesta de Sarayaku, Kawsay Sacha, es esperanzadora si se quiere construir un nuevo modelo, que tome en cuenta a la selva como un ser vivo al que no se puede lastimar. Sin embargo, los intereses mayoritarios parecen ir siempre por esa otra vía en la que la única manera de sobrevivir es sacando la última gota de petróleo, la última piedra de oro, exprimiendo a la tierra como si no tuviera vida, ignorando sus latidos y los latidos de su gente.