La ruleta rusa del asfalto

El transporte interprovincial en Ecuador necesita más tecnología y control para reducir accidentes y asaltos.

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Viajar en bus interprovincial en Ecuador es rifar la vida en moles de quince toneladas que se disputan centavos a tumba abierta.

Sangre a alta velocidad 

Esa ansiedad desquiciada por arrebatarle el pasajero al bus que va adelante transforma a los vehículos particulares en víctimas colaterales de invasiones de carril en curva, y abre las puertas de par en par al hampa, que sube como pasajero fantasma  para asaltar en los tramos desiertos.

Pretender frenar este desangre diario con más policías apostados en las curvas es un autoengaño costoso. La barbarie no se cura, se extirpa quitando el botín de la carretera mediante la digitalización del viaje.

Centinelas digitales apagan la codicia

La solución ya opera con éxito en el transporte intermodal de España mediante sistemas y terminales inteligentes,  El pasajero compra su boleto en línea con asiento numerado y un código QR atado a su cédula de identidad. Al subir a la unidad, una consola táctil conectada a la nube escanea el boleto y verifica la identidad de quien aborda, cotejando su rostro con quien se supone es, eliminando el anonimato criminal.

Ojos en la nube 

Este ecosistema telemático le devuelve el mando a quienes deben vigilar el camino.

Para el dueño del autobús. Conoce en vivo la recaudación exacta, el aforo real de la cabina y el cuidado mecánico de su inversión, eliminando las fugas de dinero en efectivo, el desgaste provocado por frenazos temerarios y los juicios después de cada accidente.

Para la Agencia Nacional de Tránsito (ANT).  La autoridad dispone de una radiografía en tiempo real, sabe exactamente qué chofer va al volante, su velocidad registrada vía satélite y los desvíos no autorizados. Frente a un asalto o emergencia, un botón de alerta silenciosa transmite al instante la ubicación satelital al ECU-911 con el manifiesto completo de pasajeros.

El peaje de la voluntad política

La tecnología está lista, probada, al alcance de la mano y no es cara. No faltan recursos ni satélites; falta la decisión política del Gobierno para imponer un boleto digital obligatorio y terminar, de una vez por todas, con la sangre que cada día baña las carreteras del Ecuador.