Roberto Salas

Poner la casa en orden

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Viernes 28 de diciembre 2018

Siento que la economía ecuatoriana está acorralada entre un déficit fiscal irresoluble, deflación, crecimiento bajo y productividad negativa. La baja del precio del petróleo solo perjudica la estrategia del Gobierno, ya amenazada por el gradualismo y la poca institucionalidad política.

En otras palabras, está costando demasiado “poner la casa en orden”. Influyendo en que los avances sean insuficientes en velocidad y eficacia para crecer sostenidamente sobre el 4% anual de manera inclusiva y ambientalmente responsable.
Me explico. Cuando alguien quiere arrendar o vender su casa, le hace mejoras, arregla los defectos o lo que no funciona, le añade algún detalle que la haga más atractiva para obtener el máximo de precio o renta posible. Esto es lo normal, sin lo cual la casa queda mucho tiempo sin interesados, se deteriora por el desuso, llegando incluso al desprestigio en el mercado. Al país e puede pasar lo mismo si no mejora su estrategia. Muchos coincidimos en que la dirección es correcta, pero el problema está en la intensidad de las decisiones y la ejecución.
Sólo recordar el caso argentino y el daño que el gradualismo provocó por la insuficiencia de las medidas de ajuste, perdiendo momentum, poniendo en duda la sostenibilidad del modelo y atrasando la creación de atractividad para inversionistas.

Ni el enorme préstamo del Fondo Monetario Internacional ha sido suficiente para convencer a inversionistas y consumidores, presos del escepticismo y la desconfianza. Si bien el Ecuador requiere cuanto antes el apoyo de las instituciones financieras internacionales para financiar la transición, estas exigirán grandes cambios en la política económica que demandará usar un capital político cada vez más escaso.

Los incentivos están, pero no sirven si la casa no está en orden en lo básico. Se requiere un plan osado para lograr equilibrio estructural de la caja fiscal en máximo 3 a 4 años que sea una política de Estado. Además, el camino hacia la productividad y competitividad es de largo plazo, y no se ha puesto suficiente foco y relevancia en una agenda que ayude a caminar a paso firme con hitos cercanos y objetivos motivadores.

En el país se suma otra variable. El fracaso de dos vicepresidentes que crea una sensación de retroceso en el proceso de estabilización política. Por eso, más allá de las voces de crítica por el nuevo Vice, es importante dar el espacio y apoyo para que tenga éxito por sus fortalezas y no quedarse en las carencias.

Me parece que el mayor acierto , y por tanto el mayor desafío de Otto, es su juventud, por lo que su principal reto es inspirar, con su desempeño, a otros jóvenes bien preparados con vocación de servir, para nutrir la política de sangre nueva, honesta y talentosa. Este sería un magnífico regalo para el futuro del país.