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Las TIC han transformado nuestras vidas. Mientras los baby boomers aprendieron a usar computadoras en la edad adulta; los centennials, han crecido, desde pequeños, con smartphones y redes sociales. Esta diferencia en la cotidianeidad y familiaridad con la tecnología influyen en la forma en que se comunican, consumen información y se relacionan en sociedad.
Generación Z, Y, X o baby boomers, cada una tiene su propia identidad, marcada por eventos históricos, avances tecnológicos y tendencias culturales. Entender sus diferencias nos ayuda a comunicarnos de manera más efectiva; a crear campañas publicitarias adaptadas a sus gustos y preferencias; a construir equipos de trabajo diversos y productivos; y, en especial, a diseñar programas educativos que respondan a sus características y necesidades.
Para atender a esas particularidades, se ha caracterizado como nativos digitales a los estudiantes que pertenecen a la Generación Z (nacidos a finales de los 90) y a los Centennials (nacidos a principios de los 2000 hasta antes del 2011). Es decir, han crecido con la tecnología y están hiperconectados; son capaces de realizar múltiples tareas al mismo tiempo; pero asimismo tienen atención dispersa provocada por el uso simultáneo de dispositivos tecnológicos y el consumo, contenidos multimedia de cortísima duración. Valoran la diversidad y la inclusión y están comprometidos con causas sociales y ambientales.
En los modelos tradicionales de clases magistrales, en los que el centro del proceso educativo es el docente y su conocimiento; los estudiantes deben presentar exámenes estandarizados y de opción múltiple; y, los entornos son absolutamente regulados; las características descritas para estudiantes de generaciones Z y Centennials presentan enormes desafíos.
Sin duda, cada modelo educativo tiene su valor; sin embargo, debemos reflexionar, atendiendo a las características de cada generación: cómo aprenden los estudiantes; cuál es el rol de los docentes; cómo planear el proceso educativo; cómo favorecer la práctica dentro del aula; o cómo realizar los procesos de evaluación. Asimismo, las instituciones educativas deben realizar un diagnóstico del entorno y las necesidades de la comunidad para que su propuesta educativa aporte efectivamente, a través de los estudiantes, soluciones que favorezcan las necesidades de la comunidad.
En consecuencia, para las actuales generaciones, que están en procesos de formación, se vuelve indispensable incorporar experiencias de aprendizaje más significativas y relevantes que les permitan enfrentar los desafíos de un presente y futuro cada vez más tecnológico.
Las metodologías emergentes son enfoques innovadores de enseñanza y aprendizaje que surgen a partir de los avances tecnológicos y las nuevas demandas de la sociedad. A diferencia de los métodos tradicionales, se centran en el estudiante como protagonista activo de su propio aprendizaje, promoviendo la colaboración, la creatividad y el desarrollo de habilidades.
Es decir, se reconoce que la forma en la que aprenden los estudiantes es a través del intercambio de experiencias entre compañeros; cuando ponen en práctica conceptos y aspectos teóricos aprendidos; o, mediante retos y argumentaciones en el aula. Por ello, la relación entre docentes y estudiantes es distinta, ya que el docente es un guía que acompaña o facilita las actividades en el aula. Es decir, el estudiante es el centro.
Las metodologías emergentes ofrecen una amplia gama de posibilidades para transformar el aula en un espacio dinámico y estimulante, como por ejemplo: El aprendizaje basado en proyectos: Los estudiantes trabajan en proyectos reales y significativos, aplicando los conocimientos adquiridos en situaciones auténticas. El aprendizaje colaborativo: Se fomenta el trabajo en equipo y la interacción entre los estudiantes para resolver problemas y construir conocimiento de manera conjunta. El aprendizaje basado en problemas: Se presentan a los estudiantes problemas o desafíos del mundo real que deben resolver a través de la investigación y la experimentación. La Gamificación: Se incorporan elementos de juego en el proceso de aprendizaje para hacerlo más divertido y motivador. La clase invertida: Los estudiantes estudian el contenido teórico en casa y utilizan el tiempo en clase para realizar actividades prácticas y resolver dudas. El aprendizaje móvil: Se utilizan dispositivos móviles y aplicaciones educativas para facilitar el acceso al conocimiento en cualquier lugar y momento.
Estas metodologías, a los ojos de personas ajenas al mundo educativo, e incluso de algunos docentes, padres de familia o autoridades que pertenecen a otras generaciones, pueden resultar incomprensibles o demasiado flexibles. Añoran las relaciones jerárquicas en las que el docente era la voz autorizada, los contenidos que impartían irrefutables y las evaluaciones tradicionales, la única forma de métrica del conocimiento.
Sin embargo, las metodologías emergentes permiten que los estudiantes se sienten más involucrados y comprometidos con su propio aprendizaje, promueve el pensamiento crítico, la creatividad, la colaboración y la resolución de problemas; conectan los conocimientos adquiridos con situaciones reales y relevantes y en especial, adquieren las competencias necesarias para enfrentar los desafíos del mundo laboral del siglo XXI. Ejemplos concretos son la creación de blogs o podcasts, desarrollo de aplicaciones móviles, realización de videoconferencias con expertos, simulaciones que pueden utilizar herramientas de realidad virtual y aumentada para crear experiencias de aprendizaje inmersivas, como visitar lugares históricos o realizar experimentos científicos.
Las metodologías emergentes ofrecen un gran potencial para transformar la educación y preparar a los estudiantes, pero representan un enorme desafío para la sociedad en general. Pues, los docentes necesitamos adquirir nuevas competencias para implementar estas metodologías de manera efectiva. Los currículos escolares deben ser revisados y actualizados. Es necesario garantizar que los estudiantes tengan acceso a las herramientas tecnológicas en condiciones adecuadas. Padres de familia debemos comprender, las otras formas de aprender de nuestros hijos para guiarles en un proceso sano y consciente de educación. Y en general, la sociedad debe ser más receptiva y responder a las nuevas dinámicas de la educación, ya que nuestros niños y jóvenes, en muy corto tiempo, serán los responsables de asumir el reto de atender las diversas complejidades que se presenten.