La reputación digital

Es un activo estratégico que influye en la percepción pública, la confianza y el éxito de personas e instituciones para mantener una imagen positiva en el entorno online.

Joselyn Parrales, de la Junta Parroquial de La Unión de Jipijapa-Manabí, mide la lluvias en la estación Eloy Parrales.

Este tema fue sugerido por un colega ávido por las tecnologías, pero apesadumbrado por los impactos y las amenazas que se ciernen sobre los ciudadanos comunes y corrientes.

Todos tenemos derecho a la reputación, entendida como “la opinión o consideración que se tiene a alguien o algo, el prestigio o estima en que son tenidos alguien o algo. Equivale a la fama, el reconocimiento, el renombre, la notoriedad, la popularidad, la celebridad y la nombradía”, según la RAE. Lo contrario sería el desprestigio o descrédito.

En la era digital la reputación adquiere nuevas resonancias, por la facilidad de los intercambios, por influencia de la conectividad. En ese ámbito, las opiniones sobre personas, hechos y acontecimientos se amplifican a través de los celulares y redes sociales, y la tendencia es obvia: sobredimensionar productos y servicios, en función del lucro y la codicia, o, en casos, crear imágenes falsas o defectuosas de personas y personajes con propósitos deleznables.

La condición humana es así. Ante esta situación, la alternativa es marcar pasos seguros, sin denostar o infamar a nadie, y reconocer aspectos positivos o fortalezas de individuos e instituciones. Un mecanismo recurrente es la denominada reputación digital, que consiste en “la percepción que los usuarios tienen de una persona, marca o empresa en Internet, y su gestión es clave para generar confianza y proteger la imagen online”.

Recuérdese que todos tenemos derecho al buen nombre, a mantener criterios argumentados y sostener puntos de vista sobre un tema o problema de la realidad. La injuria, la calumnia, la ofensa, el agravio y el ultraje son figuras que están penadas por las leyes.

La reputación digital, en este sentido, se refiere a la imagen que proyectamos y recibimos en el entorno online, que es construida a partir de la información disponible en los motores de búsqueda, redes sociales, blogs, foros y plataformas de reseñas. Incluye opiniones, comentarios, valoraciones y menciones de terceros, así como la propia presencia digital de la persona u organización.

Esta reputación puede ser positiva o negativa, porque afecta directamente a los usuarios y sus decisiones no solo en el campo social, sino en la política, la economía y la cultura.

Una buena reputación digital, según estudios, incrementa la confianza del público, mejora la visibilidad en buscadores y permite diferenciarse de la supuesta competencia. Según el World Economic Forum, más del 25% del valor de mercado de las empresas se atribuye a su reputación.

La gestión de la reputación digital constituye un nuevo parámetro para promover proyectos, a través del monitoreo constante de mensajes, el análisis de menciones, comentarios y tendencias en tiempo real para detectar riesgos y oportunidades. Para ello, las interacciones con el público son fundamentales, y se inscriben en el control de la identidad digital mediante una presencia online coherente y alineada con la misión, visión y valores.

En síntesis, la reputación digital es un activo estratégico que influye en la percepción pública, la confianza y el éxito de personas e instituciones para mantener una imagen positiva y confiable en el entorno online.