Óscar Vela Descalzo

Repúblicas fallidas

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Domingo 09 de febrero 2020

Una de las escenas muestra a la turba hambrienta matando a golpes a un caballo famélico en medio de una carretera. La siguiente es una toma aérea secuencial de un paso fronterizo entre dos naciones que registra durante varios meses caravanas de miles de personas cruzando al otro lado. Otra escena descubre algo que nunca llegan a ver los turistas: el estado ruinoso de las casas de una de las ciudades emblemáticas de la época colonial en América, y allí, en medio de la miseria y el hacinamiento, un hombre vacía desde un segundo piso el cubo de los desperdicios humanos. Finalmente, en una esquina de otra ciudad, una imagen captura el momento en que milicias urbanas armadas por el gobierno cobran peajes a los vehículos que transitan por esa vía.

Parece sencillo adivinar los lugares a los que pertenecen estas imágenes, y aunque alguna apuesta resultara equivocada, tampoco importaría demasiado pues si cambiamos algún dato o sustituimos las locaciones terrestres por marítimas, o quizás si eliminamos la referencia a una ciudad colonial y decimos que los edificios de esa urbe moderna se caen a pedazos y la gente malvive entre sus desperdicios, al final volveremos a enumerar los mismos sitios aunque sea en distinto orden. Lo que sí tienen en común las escenas es que todas se sitúan en Latinoamérica, concretamente en esas repúblicas fallidas en las que reinan desde hace años la anarquía, la tiranía, la represión y la violación de derechos humanos, derivadas de proyectos revolucionarios fracasados y dictadores endiosados que han dejado a sus países en ruinas, a su gente más empobrecida que antes, y, por supuesto, a sus compinches como las nuevas y obscenas castas de multimillonarios.

También son comunes a estas repúblicas fallidas otras circunstancias particulares, como la abundancia de riquezas naturales que se han robado a manos llenas o que ya no se explotan por inoperancia o ineficiencia; o las simpatías que generan sus regímenes entre terroristas, narcotraficantes o tiranuelos de su misma especie alrededor del mundo; o la singular coincidencia de que todos los que están adentro (salvo la casta de gobernantes y sus socios) quieran escapar desesperadamente de sus fronteras, y nadie, ni siquiera sus coidearios, cómplices y encubridores foráneos, pretenda jamás ir a vivir a la tierra prometida por estos charlatanes.

Todos estos proyectos de repúblicas fallidas son idénticos: autoritarios, ilegítimos, catastróficos y abyectos. Su objetivo esencial es lograr la impunidad de los caudillos en sus propios feudos y en los que son de dominio de sus camaradas. De allí que no sorprenda a nadie esta arremetida geopolítica, violenta y golpista que ha emprendido la delincuencia organizada en la región buscando recuperar los espacios de poder que a los tiranos les resultan indispensables para manejar la justicia a su antojo, encubrir fechorías e incrementar fortunas a costa de los ciudadanos que aún creen en sus mentiras.