Óscar Vela Descalzo

No tenemos remedio

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Domingo 21 de octubre 2018

Apenas hace una semana escribí un artículo que llevaba este título a propósito de la descomposición a la que ha llegado nuestra sociedad, y hoy debo referirme bajo el mismo epígrafe a lo sucedido en Posorja, otro hecho que refleja el nivel de cretinismo y barbarie en el que seguimos cayendo.

Aunque nos duela admitirlo, el Ecuador de hoy, mayoritariamente, es el que actuó aquel día en el abominable linchamiento de tres personas. Este es el país en el que se justifica la corrupción por el volumen de obras que hizo un gobierno lleno de ladrones; en el que se elige para las funciones públicas más importantes a los especímenes surgidos de la farándula o los tabloides; el país que se acostumbró a la coima, al negociado, al chanchullo, al redondeo, a la manipulación de las balanzas, al relajo… El país en el que un grupo de militares vende las armas de las Fuerzas Armadas a los subversivos que asesinan a nuestra propia gente en la frontera; el país en el que vivimos prevenidos por asaltos, secuestros, hurtos y asesinatos diarios; el país en el que se abusa de los niños en las escuelas con total impunidad, el que desconoce los derechos de ciertas personas por su identidad sexual o por sus creencias; el país en que casi nadie lee, en el que muy pocos visitan sus museos o se interesan por el teatro o por elarte.

Tan solo basta repasar un día cualquiera las noticias reproducidas en los medios o darse un paseo por las redes sociales para comprender que estamos sumergidos en un nivel alarmante de violencia, intolerancia, radicalismo, descontrol e ignorancia. De allí que un suceso como el de Posorja, aberrante por donde quiera mirárselo, haya sido justificado por turbas de linchadores digitales que hablan desde su rusticidad de “hacer justicia” por mano propia.

En una sociedad civilizada, por supuesto, la justicia no se asimila bajo ninguna circunstancia a la venganza. La justicia es equidad, igualdad, solidaridad, y sobre todo, el ejercicio pleno de la libertad que solo se consigue respetando los derechos de los demás, algo en lo que fracasamos rotundamente.

El crimen cometido por la gente en Posorja es un hecho delictivo que debe ser conocido por los jueces competentes y al amparo de las leyes vigentes, aunque sea necesario para esto llevar a todo el pueblo a los tribunales y utilizar en el proceso un sistema de delaciones que permita descubrir a los incitadores, cómplices y ejecutores del brutal asesinato. No podemos permitir que una tragedia de esta magnitud se resuelva como si se tratara de la Fuenteovejuna de Lope de Vega, pues esas prácticas en pleno siglo XXI solo nos alejan más de la civilización.

Por otra parte, debemos recordar que la confianza en el sistema judicial de una nación es uno de los pilares esenciales del progreso. Si esa confianza se resquebraja o se rompe, esa nación está condenada a vivir en el ostracismo y solo puede esperar un futuro en el que crezca la miseria, el odio y la violencia.

oscar vela descalzo
ovela@elcomercio.org