Diego Araujo Sánchez

Sin reconocer la derrota

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Martes 10 de noviembre 2020

En los años de escolares no faltaba algún compañero con una bien ganaba fama de alegón. Antes siquiera de empezar los juegos de la época– fútbol, territorio, el pique, intercambiar cromos, o las cubiertas de las cajetillas de cigarrillos convertidas en billetes de la más variada denominación-, advertía ya que le querían hacer trampa y, si por mala fortuna, perdía en el juego, intentaba armar la trifulca para quitar el triunfo al ganador. Su manido recurso era acudir donde el profesor y amenazar con llegar hasta el director de la escuela para defender la ganancia que el contrincante supuestamente le había birlado.

El Diccionario Académico registra la palabra alegón como un ecuatorianismo y remite a alegador, que se usa en los países americanos para calificar a quien responde, por costumbre, de malos modos, y suele provocar disputas.
El personaje escolar a aparece también escenario político, nacional y mundial. El presidente republicano, Donald Trump, se resiste aún a reconocer la derrota en las elecciones y acude a instancias judiciales para disputar el triunfo a su rival demócrata, Joe Biden.

“Ganar es fácil; perder, no, no para mí”, había anticipado. Pero más grave que la dificultad para aceptar la pérdida es el hecho de que, en el camino de los reclamos, haya echado sombras sobre el mismo sistema electoral que , cuatro años atrás, le llevó a la Casa Blanca. Acusaciones de fraude sin pruebas dañan la democracia, que tiene una piedra angular en la confiable realización de los comicios.

Trump ha movido en estos años los resortes de un liderazgo populista. La polarización de la sociedad se muestra también en los resultados electorales: alrededor del 51% sufragó por Biden y el 48% por el mandatario saliente. Mientras el primero ha reiterado sus llamados a la unidad, el segundo mantiene el mismo discurso de división.

Blanco de los ataques fueron los medios de comunicación críticos. Las medias verdades o las mentiras son también moneda común de los populismos. De acuerdo con un curioso registro estadístico en The Washington Post, hasta el pasado 27 de agosto el presidente Trump había hecho 22 247 declaraciones inexactas.
Más cerca del espectáculo mediático que de la reflexión del estadista, los líderes populistas agitan banderas para el aplauso de ciertos grupos. El abandono del multilateralismo, la política contra la inmigración, el alejamiento de tradicionales aliados o las proximidades con autócratas, el manejo de la crisis sanitaria que ha costado ya más de 220 mil vidas, ¿han hecho grandes otra vez a los EE.UU.? ¿ O se ha producido un retroceso de su liderazgo en el mundo?

Con el presidente Biden y Kamala Harris, como primera mujer en la Vicepresidencia, se inicia un esperanzador proceso de renovación política para el gran pueblo estadounidense.