Que descanse mi columna, no mis convicciones

Tras 23 años en EL COMERCIO, me despido y agradezco el espacio para defender la salud y la seguridad social del Ecuador.

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Al concluir mi labor como diputado del H. Congreso Nacional (1998-2003), habíamos adquirido experiencia en los mecanismos necesarios para aplicar dos leyes ampliamente reclamadas por la ciudadanía y los gremios profesionales, en especial los vinculados con la medicina y el desarrollo social del país. Durante ese periodo, junto con un grupo multipartidista, estructuramos el Proyecto de Ley de Seguridad Social y la Ley del Sistema Nacional de Salud, considerados pilares indispensables para transformar y garantizar el adecuado funcionamiento de estos sistemas esenciales para la vida de los ecuatorianos. El médico cardiólogo guayaquileño Alfredo Palacio fue elegido vicepresidente de la República y, tras asumir el cargo el 3 de enero de 2003, el presidente, coronel Lucio Gutiérrez, le encomendó la gestión de la salud. En cumplimiento de esa responsabilidad, el doctor Palacio impulsó la aplicación de ambas iniciativas y, para hacerlas efectivas, solicitó a la OPS/OMS que contratara nuestra asesoría para la Vicepresidencia en estos importantes asuntos. Una de las numerosas presentaciones se realizó ante los directivos del diario El Comercio, encabezados por su propietaria, la señora Guadalupe Mantilla.

La señora Mantilla recibió favorablemente nuestras exposiciones y nos invitó a colaborar con EL COMERCIO, histórico periódico de alcance nacional e internacional. Asumimos esta labor con entusiasmo y la mantuvimos tanto en la edición impresa como en la digital. Hemos abordado diversos temas, sobre todo de salud y seguridad social, con el respaldo de numerosos colegas que comparten nuestra preocupación por la incapacidad de sucesivos gobiernos para resolver problemas urgentes que afectan a la mayoría de la población con recursos limitados. Muchas personas carecen, desde el nacimiento, de la atención médica necesaria, en un entorno que tampoco garantiza una nutrición adecuada para las mujeres embarazadas, los recién nacidos, los niños pequeños ni los enfermos de cualquier edad.

Quienes padecen enfermedades infecciosas, degenerativas, tumorales, catastróficas, cerebrovasculares o cardiovasculares suelen carecer de atención, recursos y medicamentos esenciales. En 2002, un trabajo parlamentario colectivo, con la participación de la OPS/OMS, los colegios y la Federación Médica, varias facultades de Medicina y un amplio grupo de asesores legislativos, dio origen a la Ley de Seguridad Social. La propuesta contemplaba reformas mínimas y progresivas en la estructura del IESS, así como un seguro mixto que preservara la solidaridad intergeneracional y los aportes individuales de los afiliados. También proponía separar el seguro de salud del seguro de pensiones. De haberse aplicado, estas medidas habrían transformado la institución y evitado su actual situación caótica, marcada por una atención médica deficiente para afiliados, jubilados y pensionistas. Hemos dedicado tantos artículos a estos asuntos que, con pesar, debo reconocer que su escasa influencia en las autoridades gubernamentales me ha causado profundo desaliento y desilusión. También hemos escrito sobre política y deporte, y hemos denunciado la corrupción y la grave inseguridad que corroe al país.

Me han animado a perseverar en la escritura la generosidad de mis queridos lectores que han comentado mis textos; el pensamiento lúcido de los ilustres miembros de la Academia Ecuatoriana de Medicina; y el respaldo de los integrantes del Directorio de Solca y de esa gran institución, Liga Deportiva Universitaria.

Agradezco al exdirector de EL COMERCIO, el destacado periodista Marco Arauz, quien, durante los años de esplendor del periódico, mantuvo abiertas sus páginas a mis escritos. Extiendo también mi gratitud a quienes lo sucedieron y a la señora Jenny Martínez.

Me anima la esperanza de que las letras que han materializado mis convicciones y pensamientos, durante 23 años, sean pequeñas semillas que fructifiquen  en acciones responsables y humanitarias de quienes tienen el poder de cambiar la desesperanza por el justo bienestar que otorguen una salud universal y una seguridad social que proteja a sus trabajadores, mientras laboran  y luego, en el atardecer, en los tiempos en que deben gozar, con derecho y justicia, de su jubilación.