Arturo Moscoso Moreno

El pulso de la democracia en A. Latina

En días pasados el Barómetro de las Américas, la encuesta bianual que realiza el Latin Public Opinión Project de la Universidad de Vanderbilt en América del Norte, América Central, América del Sur y el Caribe, presentó su reporte con los hallazgos de la ronda de encuestas realizadas en 2021, en los países de América Latina y El Caribe. Los resultados sobre el compromiso ciudadano con la democracia electoral en la región no son muy halagadores.

El reporte muestra que el apoyo a la idea de democracia, es decir, el pensar a la democracia como el mejor tipo de régimen aún cuando tenga problemas, es mayoritario en los países estudiados, pero se mantiene bajo y no se ha recuperado a los niveles de hace una década. Así, un importante número de ciudadanos piensa que sería mejor un régimen alternativo a la democracia.

En cuanto al nivel de satisfacción con el funcionamiento de la democracia, si bien presenta una leve mejoría con relación a encuestas anteriores, tampoco está en niveles óptimos ni tampoco presenta mejores indicadores que hace 10 años. De esta forma, un buen número de latinoamericanos piensa que la democracia no está funcionando bien en sus países.

A esto se debe añadir que, aunque hay menos ciudadanos que hace una década que apoyarían un golpe de estado por parte de los militares, un alto porcentaje toleraría que el ejecutivo gobierne sin legislativo en tiempos de crisis, tolerancia que ha ido aumentando encuesta tras encuesta. También existe un importante número de ciudadanos que estarían de acuerdo con que gobierne un líder fuerte que tuerza las reglas para que las cosas se hagan.

Además, la mayoría de los ciudadanos preferirían un sistema político que les garantice ingresos y servicios básicos a uno que les garantice elecciones, aunque no estarían dispuestos a hacer el mismo sacrificio con la libertad de expresión, que es preferida mayoritariamente por sobre aquellos.

Esto permite ver que los ciudadanos no confían en las elecciones, a lo que hay que sumarle que tampoco confían en los políticos, con una importante mayoría que se pronuncia a favor de la democracia directa por sobre la democracia representativa para decidir que leyes son mejores para sus países.

Y es que el problema es que más de tres de cada cinco ciudadanos en promedio en la región creen que la corrupción está generalizada entre los funcionarios electos, tasa que se ha mantenido estable desde que se introdujo la pregunta en 2016, percepciones que se han visto agudizadas por los recurrentes escándalos de corrupción.

Frente a estos indicadores, el Barómetro de las Américas se pregunta qué haría falta para aumentar la confianza en la democracia electoral en la región. La respuesta que da es una gobernanza transparente. Lo que queda pendiente es cómo lograrla.

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