Milagros Aguirre

El principio del fin

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Jueves 29 de octubre 2020

Los defensores del Yasuní no se han pronunciado ni por la presencia de balseros que están penetrando en la selva profunda, ni por la noticia bomba de la semana anterior: el compromiso de la venta de Repsol Ecuador, la operadora del Bloque 16, a una empresa de la que poco o nada se sabe y que se llama “New Stratus Energy”. ¡Qué desilusión! Cierto, el “enemigo” casi siempre es el petróleo, los derrames constantes y los mecheros, pero, en la selva profunda, la situación es más compleja. Si Repsol sale sin terminar el proceso de reversión (diciembre 2022) y si el Estado no lo asume con los mismos estándares, es el principio del fin de lo que queda del Yasuní.

La empresa española se ha ufanado de tener una operación cuidadosa en un sitio extremadamente sensible, como es el parque Nacional Yasuní; de cumplir estándares de calidad y de responsabilidad social con las comunidades del entorno. Esta venta parece contradictoria con la responsabilidad social y corporativa de la que Repsol hacía gala, pues, la empresa con la que se ha firmado una carta de intención no tiene activos en otros países, no tiene respaldo financiero ni muestra operaciones exitosas como referencia. La información existente sobre los socios de esta empresa hace pensar que se trata de una de esas empresas de papel. Los antecedentes de estos personajes del mundo de la farándula petrolera deberían preocupar al Estado ecuatoriano, que no puede ceder la operación en una zona tan sensible como el Yasuní, a cualquiera.

Si Repsol quiere dejar de invertir en América Latina y en Ecuador, que lo deje, pero que lo haga con responsabilidad. Y que el Estado también se haga responsable de a quien deja la papa caliente que incluye presencia de pueblos aislados en la zona de la operadora y un acuerdo del que depende el pueblo waorani.

En días pasados circuló una carta vía change.org para que el gobierno revise el tema pues de su firma y visto bueno depende la transacción. Solo la firmaron (hasta hoy) 42 personas. ¿Dónde están los defensores de la selva? ¿Van a dejar solos a los waorani? ¿Les ayudarán a exigir el cumplimiento del convenio que mantienen con la empresa hasta 2022? ¿Y después? ¿Le exigirán al Estado se haga responsable de los daños que esto pueda causar? ¿Ayudarán a evitar la colonización de la llamada vía Maxus?

El principio del fin del Yasuní está llegando. Las petroleras, igual que Repsol, se venderán a precio de gallina vieja a empresas fantasmas sin que nadie se responsabilice de los pasivos ambientales que quedan. Los balseros harán de las suyas sin planificación alguna para proveer la demanda de energía eólica (la selva parece que siempre paga los daños) y las comunidades quedarán solas, más pobres y abandonadas a su suerte. ¿Nadie va a hacer nada?