Los políticos y el Papa

La visita de León XIV evidenció la diferencia entre líderes y políticos: mientras unos dividen y gobiernan con miedo, el Papa inspira unidad, ideas y dignidad humana. Su mensaje logró consenso, mostrando que el liderazgo auténtico nace del propósito, no del poder.

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La visita de León XIV a España ha puesto en evidencia la diferencia entre jefes y líderes; jefe es el que ordena, líder es el que inspira. El jefe del gobierno de España no puede salir a la calle por temor a los insultos y el rechazo de la gente; en contraste, León XIV mereció la adhesión de multitudes que ni en sueños los políticos alcanzarían.

Después de reunir medio millón de jóvenes en una vigilia de oración y un millón doscientos mil madrileños en una misa campal, el Papa fue recibido, en una cita histórica, por diputados, senadores, gobierno y titulares de los organismos de justicia. En un congreso donde se insultan y se amenazan, el Papa alcanzó el milagro del consenso: todos alabaron su discurso y le aplaudieron por siete minutos, hasta que salió del recinto.

¿Cuál es el secreto del líder de la Iglesia Católica? Los políticos dividen en bandos, polarizan y manipulan emociones. El Papa predica la unidad, propone ideas. El poder político induce miedos; el Papa propone ideas que inspiran y alientan la humana libertad.

León XIV propuso ideas que los políticos no manejan desde hace mucho tiempo, como que la dignidad humana precede a toda concepción del Estado y no puede quedar subordinada a los consensos sociales durables o al vaivén de las mayorías de cada momento y no es una idea abstracta sino aplicable a situaciones como las de la migración.

La polarización es el instrumento universal de los políticos para ganar popularidad, en contra de ella el Papa propone cultura, interioridad, una educación libre y trascendencia. La polarización nos obliga a elegir entre miedos; como en Perú, donde los candidatos tienen sus fantasmas: Fujimori el fantasma de su padre y Sánchez el fantasma de Antauro.

Para alcanzar la popularidad, los políticos tienen que recuperar las ideas, el propósito, la buena fe. Mientras la política siga buscando acumular poder, inducir miedo, inventar enemigos y tapar la corrupción, solo serán malos jefes, nunca llegarán a ser líderes.