La pobreza en el Ecuador es crónica

Combatir la pobreza exige más empleo, productividad, inversión y protección social, sin populismo ni subsidios que profundicen las desigualdades.

Es crónica porque viene de tiempo atrás. Desde el siglo pasado 30 de cada 100 ecuatorianos viven en la pobreza, cuya disminución debe ser una prioridad absoluta en cualquier Programa de Gobierno, para enfrentar la violencia que azota a ellos, que no tienen voz.

De otro lado, la clase media tiene protección social y un salario que mantiene su poder de compra, trabajando en condiciones formales o en empleos no plenos, aunque la productividad aún es baja. Para prosperar hay que trabajar más, con el ejemplo que debe dar el gobierno si consume su capital político en la atención a los más vulnerables.

Las inversiones del Estado no aumentan porque no hay recursos para financiar una educación buena y masiva ni un sistema de salud eficiente. Las empresas públicas fracasan  porque se actúa como si lo del Estado no es de nadie y porque no se gestiona bien la riqueza petrolera y minera.

Las inversiones privadas tampoco generan nuevos empleos porque la mano de obra formal tiene un enfoque favorable que resulta poco atractivo a la expectativa de utilidades de los dueños del capital, pero no se vincula la productividad laboral con mayores remuneraciones. Entonces solo se consolida la atención a la clase rica y a la clase media, que también son las mayores beneficiarias de los numerosos subsidios que profundizan el déficit fiscal.

El Estado debe apoyar la productividad auténtica, sin adular con populismos que impiden producir cuando se inventan más feriados que los debidos, paralizando  el trabajo del  país y el ingreso de los que viven en la informalidad.

Hay que trabajar más, semanas de cinco días, horas de 60 minutos y obligar a todos los empleadores, formales o informales, a afiliarlos al Seguro Social, para dar protección social a más personas, sin que quiebre el IESS. Así disminuirá el número de pobres crónicos, que son abandonados a su suerte y que sienten que los demás ecuatorianos los desprecian.