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La paz como rutina

Todo Gobierno totalitario necesita tener un enemigo. Si no existe, debe crearlo. El conflicto es parte de su naturaleza y las cosas son siempre vistas en términos de amigo-enemigo y en donde las cuestiones son referidas en forma absoluta, como absoluto pretende ser su Gobierno.

El dictador Alfredo Stroessner tenía una frase para eso: “no se puede ser café con leche, o se es café o se es leche”. La frase, digna de su talante militar-autoritario, proclama que la diversidad y los matices que ella implica en la apreciación de la realidad, deben ser entendidos como debilidad de carácter e inutilidad cromática. La democracia en realidad admite más tonos de grises que blancos o negros absolutos. La condición humana es más cercana a los matices dejando la búsqueda de lo absoluto a quienes pretendan asegurarse y asegurarnos que el único mundo es el suyo.

Democracias como la chilena que logró reunir bajo una misma carpa a democristianos y socialistas hablan más de la capacidad del pueblo chileno de colocar los grandes temas por encima de las mezquindades ideológicas. Era más importante unirse para parar los pinochetistas que comenzar a observar las diferencias entre quienes incluso militaron en bandos opuestos durante la dictadura militar que se inició en 1973 y no acabó hasta 1990.

Lo mismo puede decirse de Lula en Brasil: no era estando en contra de alguien o de algo que se podía construir un país que creciera y que movilizara a sus fuerzas productivas sino que era sumando incluso a aquellos que no pensaran como él que se hacía una nación con un presidente notablemente popular.

Los ejemplos de sabiduría política en América Latina se contraponen con otros mandatarios que encuentran en los empellones, empujones, agravios, amenazas, insultos, proscripciones, la única manera de ejemplificar su debilidad antes que su fortaleza. Ellas hablan más de sus miedos, resentimientos y frustraciones proyectándolos en un pueblo que cree que su exclusión social solo se debe a un factor determinado al que hay que odiar y perseguir. Puro simplismo. No hay razones única ni absolutas que expliquen nuestra pobreza y marginalidad como tampoco las hay entre quienes buscando un facilismo explicativo construyen el dilema amigo-enemigo como síntesis de incapacidades para abordar de manera amplia las causas de las inequidades sociales que han llevado a construir imaginarios autoritarios como único resultado posible “al fracaso de la democracia”.

Nos debemos los latinoamericanos una manera más inteligente de abordar las causas que generan las visiones únicas y excluyentes, que por lo general lo único que consiguen es postergar las soluciones que se ambicionan. Debemos buscar la paz como rutina fecunda y creadora.

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