Otro muerto

En la retórica, los jóvenes son el futuro; en la realidad, son los muertos de la crónica roja.

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En las calles, en las noticias, en las redes sociales, en los comentarios cotidianos hay un reguero de jóvenes muertos, hombres y mujeres. Los primeros por la violencia criminal y las segundas por la intrafamiliar.

Pero la aparente separación entre lo público y lo privado solo es posible en el análisis, pues ambos tipos de violencia convergen en una sociedad que tolera la crueldad familiar y donde la extrema violencia pública se ha vuelto parte del paisaje.

Los jóvenes varones son las primeras víctimas, y los principales perpetradores, de la violencia criminal, un problema que no es estrictamente delictivo, sino que da cuenta del desgarramiento del tejido social y de la ausencia del Estado en los ‘territorios’ de las bandas.

En el caso de las mujeres existe un patrón alarmante: un porcentaje significativo fueron asesinadas por un miembro de la familia, contra quien habían presentado denuncias previas e incluso tenían medidas de protección.

Desde que empezó el ‘conflicto armado interno’ hasta la fecha, han fallecido cerca de 22 mil personas por homicidios y muertes violentas, un 57% del total de víctimas son personas entre los doce y los 34 años. No obstante, solo el 2,4% de los casos penales tienen sentencia.

Mientras que las mujeres asesinadas por razones de género subieron de 274 en 2024 a 411 en 2025, ¡50% más en el lapso de un año! Pero solo tres de cada diez casos son resueltos, según datos del sistema judicial.

También en las desapariciones son los jóvenes los más afectados. Solo en este año, de los 1.960 casos registrados, la mitad corresponde a adolescentes entre doce y 17 años y, de ellos, la mayoría son mujeres. Les siguen, como no, los jóvenes entre 18 y 34 años.

Las alertas no corresponden solo a conflictos interpersonales, cada vez es más alta la cifra de desaparecidos por reclutamiento forzoso a bandas narcodelictivas, exposición a economías ilegales y violencia de género.

Ante esta espeluznante realidad, resulta un chiste de mal gusto que la respuesta del gobierno para los jóvenes sea entregarles 400 dólares durante tres meses en su ‘primer empleo’ o las supuestas ‘becas’ de un solo desembolso de 828 dólares para todo un año lectivo.

¿Cuál es la salida? En los años 60 el movimiento hippie fue una estrategia de resistencia activa a la guerra, mediante la desobediencia civil y la presión moral. En estos tiempos de guerra interna, cruzada por las drogas y la codicia, algo habrá que inventar para resistir el envío de tanta sangre nueva hacia la muerte violenta.