Óscar Vela Descalzo

¿Un acuerdo nacional?

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Domingo 06 de enero 2019

Hace algo más de 41 años se firmaron en España los ‘Pactos de la Moncloa’, que construyeron el camino hacia la modernización con base en el diálogo y la convivencia democrática de todos los actores políticos enfocados en dos grandes objetivos: el saneamiento y la reforma económica; y, el fortalecimiento de la institucionalidad jurídica y política. Por supuesto, para alcanzar con éxito esos acuerdos fue esencial la participación madura de los políticos de entonces que, dejando de lado sus intereses personales y partidistas, se centraron exclusivamente en la consolidación y el progreso de España.

Hoy surgen algunas ideas sobre un acuerdo nacional, y aunque todavía se manifiestan como un secreto a voces, su objetivo será planificar el futuro del Ecuador durante los próximos diez años. Este plazo, que no responde a una cifra lanzada al azar, sino al tiempo más o menos razonable en que se prevé que el Ecuador podría salir de la crisis siempre y cuando empecemos de inmediato a trabajar con orden y cohesión, contempla en una primera fase llegar a la elección del 2021, sean quienes fueren los candidatos (todos los actores políticos deberían ser parte de este acuerdo), con un país estable, ordenado e institucionalizado.

Se hablaría en principio de cuatro ejes generales: crecimiento y sustentabilidad económica; fortalecimiento de la institucionalidad democrática; seguridad jurídica y garantía efectiva de derechos fundamentales; y, la formulación de un sistema nacional de educación y cultura. Dentro de estos temas habrá obviamente muchos aspectos para discutir, empezando quizás por una nueva constitución o por una reforma a la actual, y partiendo de ese cambio indispensable diseñar y planificar un Estado moderno y ágil que cuente con tres poderes definidos y separados y con un sistema de justicia independiente, confiable y eficiente; que tenga instituciones públicas sólidas pero livianas a la vez, adaptadas y en uso de nuevas tecnologías; con leyes estrictas sobre el manejo económico y límites claros para el endeudamiento; con normas severas para sancionar los casos de corrupción y lograr la recuperación de los fondos públicos desviados por actos ilícitos; con una malla curricular adaptada a los nuevos tiempos y desprovista de toda injerencia política e ideológica del gobernante o partido de turno; con un énfasis especial en la difusión y promoción de la cultura en todas sus manifestaciones, entre otros.

¿Es posible alcanzar un acuerdo nacional? Por supuesto que sí, siempre que se actúe con madurez, desprendimiento y coincidencia sobre objetivos nacionales comunes, prescindiendo en esta empresa de intereses particulares o partidistas. Y aunque allí aparecerán los agoreros, caudillos y tiranos de siempre, si el acuerdo va adelante se excluirán ellos solos por inanición, pues las naciones que se cimentan sólidamente en democracia, además de prósperas y educadas, se vacunan contra esos bichos.