Guido Calderón

Un modelo turístico viejo

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Viernes 06 de diciembre 2019

Hace 50 años empezó la primera turoperadora en nuestro país, básicamente vendemos lo mismo: Galápagos, Quito, Cuenca y Guayaquil; de la misma manera: paquetes de 7, 14 y 21 días a nuestro principal mercado que es Norteamérica y el modo de hacerlo es prácticamente el mismo; la operadora local establece acuerdos con hoteles, atracciones, transportistas, etc., envía los paquetes a una mayorista extranjera, que a su vez consigna los paquetes a sus agencias asociadas que venden al consumidor final. En menor escala, el modelo se replica para Europa y Sudamérica.

Los hoteles locales que tienen acuerdos con turoperadoras que les proveen todo el año de clientes, son los más rentables, ya que les entregan un calendario de visitas mensuales, lo que equivale a dinero en el banco y permite hacer inversiones o gastos basados en los futuros ingresos.

Estos futuros ingresos desaparecen con tan solo el anuncio de un paro o cualquier violencia social, que de ser recurrente, motivará al mayorista en el extranjero, a eliminar al país de su menú de ofertas, hasta cuando lo perciba pacificado y no sean un peligro para los turistas. Los hoteles de cadenas internacionales tienen la gran ventaja de estar cubiertos por potentes sistemas de mercadeo y alianzas con clientes grandes como aerolíneas. El resto de la hotelería nacional tiene que apuntar al turismo interno.

Obviamente en la última década; Internet, las redes sociales y las apps han diversificado la venta de productos ecuatorianos, así como sus potenciales clientes; pero en general, el grueso de la venta de paquetes -que es el más rentable- mantiene el método tradicional. El mundo digital ayudó, pero también puso en los ojos del posible comprador a toda la competencia de los países vecinos. La firma de la paz transformó a Colombia, al punto de duplicar turistas , y Perú no para de reinventarse y crecer.

Los cambios de nuestra oferta son mínimos, volvimos al mercadeo de los Cuatro Mundos, desechando el “Ama la Vida” anterior, incluso el tren fue retirado debido a que varias de sus rutas están intransitables, nos limitamos a cuatro ferias al año en las que exponen las mismas empresas de siempre con la propuesta de siempre; por lo que es difícil pronosticar en los siguientes años, un aumento de turistas reales.

Si elimináramos los altos impuestos aéreos que ni siquiera van al Ministerio de Turismo, podríamos pensar en un cambio de modelo. Tenemos mucho por ofrecer, pero no las formas ni las vías para venderlo. Nuestro cuerpo diplomático en el extranjero no participa en la promoción del país. Tampoco vemos a nuestros emigrantes como difusores y si bien su orgullo por las bellezas nuestras está intacto, no tienen ninguna motivación estatal para promocionarlas.

El mundo turístico evoluciona vertiginosamente. Al mismo tiempo, el modelo ecuatoriano hace honor a la tortuga que siempre aparece en nuestra publicidad.