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Domingo 11 de febrero 2018

Dado que ya pasó la veda que impedía expresar en medios de comunicación opiniones que puedan interpretarse como campaña política, me atrevo a escribir un artículo que, en otros contextos, hubiera podido malentenderse.

Porque el título de esta nota, es importante resaltarlo, carece de la tilde necesaria y la palabra “si” no tiene el sentido de una afirmación, sino de una conjunción condicional. Debe entenderse como en la frase “si sabía que venías te hubiera hecho un pastel” y no “dado que viniste, sí te hice un pastel”. Porque en la economía ecuatoriana actual, hay muchos “sis”, en plural y sin tilde.

Si lo que dijo el presidente hace tres semanas es correcto (y no hay razón para dudar de su veracidad), el gobierno tiene una deuda de USD 68 000 millones. Si consideramos que la población del país está cercana a los 17 millones de habitantes, resulta que la deuda por habitante llegó a la astronómica suma de USD 4 000 per cápita.

Si todos los datos y cálculos anteriores son correctos, estamos más endeudados que nunca en la historia, no sólo como monto total, sino también a nivel por habitante.

Si llegamos a este nivel es porque llevamos 11 años de mal manejo de la economía. Recordemos que cuando empezó el gobierno de Correa, la deuda pública estaba en 13,427 millones y con una tendencia a la baja. Y después llegó a bordear los USD 10 000 millones.

Si hubiéramos querido mantener la deuda en esos niveles, lo que había que hacer es no disparar el gasto público de la manera que se disparó, con el objetivo de evitar tener déficits como los que se tuvo. Porque desde el año 2009 el gobierno tiene déficits todos los años.

Si los déficits son un problema es porque la única manera de cubrirlos es a través de contratar deuda y eso es lo que hizo el Ecuador. La deuda, que empezó a recuperarse hacia fines del año 2010, realmente se disparó desde el año 2012, cuando el precio del petróleo, si bien estaba altísimo, dejó de subir y se estancó cerca de los USD 100 por barril.

Si no se hubiera disparado el gasto, tal vez tuviéramos alguna que otra carretera menos, pero tampoco tendríamos un montón de nuevos ricos que hicieron sus fortunas en base a venderle servicios al Estado a precios inflados y, en muchos casos que la justicia ha confirmado, con corrupción.

Si el gasto se hubiera mantenido en los niveles del 2008 o 2009, igual se hubiera podido destinar montos altos a educación y salud, más aún si se evitaba derroches como hacer una enorme planicie para no hacer una refinería en El Aromo o para no arreglar la Refinaría de Esmeraldas, etc.

Siete párrafos de este artículo empiezan con la palabra “si”, pero no tiene nada que ver con el tema electoral, sino con imaginarse un país en el cual la economía estuviera equilibrada, a diferencia de como está ahora.

@VicenteAlbornoz