Carlos Jaramillo

“La SDN y el coronavirus”

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Sábado 25 de julio 2020

Hace aproximadamente un siglo el presidente Wilson, de Estados Unidos, propuso la creación de un organismo en el que podían participar todos los países, con los objetivos de garantizar la paz y fomentar la cooperación y el desarrollo social y cultural. Con esos ideales nació la Sociedad de Naciones Unidas, durante la Conferencia de París, el 28 de junio de 1919, pero, pese a que la potencia norteamericana fue la promotora, fue excluida, porque su Senado no ratificó el Tratado de Versalles, simiente de la nueva entidad.

En realidad fue muy limitada la efectividad de esa organización, que tuvo su sede en Ginebra, Suiza, básicamente porque sus decisiones debían ser aprobadas por unanimidad y su mayor fracaso fue que no pudo evitar el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

En 1946 se disolvió la “Sociedad” y transfirió sus competencias y patrimonio a su sucesora, la Organización de Naciones Unidas, que nació oficialmente el 24 de octubre de 1945, en San Francisco, Estados Unidos, con la participación de 50 estados. Ecuador ingresó el 21 de diciembre del mismo año.

La denominación Organización de Naciones Unidas fue acuñada por el presidente norteamericano Franklin D. Roosvelt y actualmente tiene como miembros a 193 de los 194 países reconocidos. El Vaticano tiene status de observador.

Dos ecuatorianos han desempeñado la Presidencia de la Asamblea General, máximo órgano de la institución, cuya sede está en Nueva York: Leopoldo Benites Vinueza, durante un año, desde septiembre de 1973 y María Fernanda Espinosa desde septiembre del 2018.

El actual Secretario General, el portugués Antonio Guterres, ha exhortado a los países inmersos en diversos conflictos bélicos que depongan las armas y sumen sus esfuerzos a la lucha contra el enemigo implacable de toda la humanidad, el coronavirus - 19.

Por otra parte, algunos mandatarios son reacios a las normas sugeridas por la Organización Mundial de Salud y la comunidad de científicos, con consecuencias catastróficas, como demuestran las estadísticas, a lo que se suma la irresponsabilidad de gente de numerosos países, entre ellos el nuestro, en los que amplios sectores no colaboran y ponen en peligro la vida no sólo de ellos sino de familiares y de personas inocentes. Según informaciones recientes, la situación va de mal en peor en esta capital, pues, aumenta el número de contagios y no hay suficientes médicos especialistas ni camas disponibles en las casas de salud.

Lo positivo es que científicos de diversas naciones realizan denodados esfuerzos, en competencia entre ellos y contra reloj, para descubrir una vacuna y un medicamento específico contra tan mortal enfermedad y se anuncian ya “ resultados alentadores” y es tal la demanda que, pese a que recién está en etapa experimental, el Presidente de Brasil reservó unos cuantos millones de vacunas, pero no cumple las medidas de precaución recomendadas.