El nuevo ­gobierno: retos

La economía ecuatoriana más que una reactivación necesita urgentemente una reparación. Es que cuando hablamos de reactivar algo se presupone que ese algo se encuentra funcionando solo que en modo pasivo. En nuestro caso, a consecuencia de la pandemia, la economía ecuatoriana está rota, no funciona como debería y hay que recomponerla. ¡Este es el reto!

La pandemia nos dejó un sector productivo a ‘media llave’. Muchas empresas apagaron algunas máquinas para ajustar sus operaciones a la realidad, desencadenando posteriormente despidos de trabajadores. Pocas empresas funcionan hoy a toda capacidad y, para regresar al menos a los niveles del 2019, las soluciones no están precisamente en el sector productivo. Para que las empresas decidan subir nuevamente el ‘breaker’ y reincorporar personal a sus plantas, deberán percibir que la demanda está en aumento. ¿Cómo aumentar la demanda agregada?

Otro efecto de la pandemia en la producción pasa por la productividad de aquellos trabajadores que han logrado mantenerse formalmente en su empleo. El riesgo de contagios y muerte hizo que esa “llave” además de estar a medias, también sea de flujo intermitente. Muchos hacen teletrabajo, y por más que sea lo recomendable, el rendimiento de un trabajador en esta modalidad es menor que en el formato presencial. Aún más, aquellas industrias que han retomado el trabajo presencial lo implementan de forma temporal para reducir los riesgos. Estos impactos en la productividad laboral influyen en el nivel agregado de producción. ¿Cómo aumentar esta productividad?

¿Qué hacer? 1. Vacunar lo antes posible a la población. Esto permitiría reducir las probabilidades de contagio, retomar las actividades presenciales y recuperar la productividad promedio por trabajador a los niveles del 2019, de aquellos que hoy sí cuentan con trabajo formal. 2. Incrementar en el corto plazo el ingreso neto de divisas. Esto por su parte permitiría aumentar la liquidez en la economía, impulsar la demanda agregada y generar las señales necesarias para que las empresas reinicien las máquinas apagadas y contraten más mano de obra.

Aun cuando lo segundo es más complejo de lograr que lo primero, hay que destacar que en la actualidad actores del sistema financiero nacional ofrecen tasas de interés por el orden del 7% en depósitos a un año plazo, mientras que en el primer mundo a duras penas estas llegan al 2%. Pues aquí hay un espacio tangible para atraer inversiones financieras al país -al menos por un año- y aumentar así el ingreso neto de divisas. De ahí que promover adecuadamente este beneficio puntual en el exterior, en conjunto con el diseño de algún mecanismo de cobertura soberana que garantice a los inversionistas la recuperación de sus dineros ante riesgos de quiebra de la institución financiera local, podría ser una acción gubernamental válida por emprender, ya que incluso -luego de ese año- la salida de estos dineros estaría exenta del ISD.