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La era de los grandes rotativos impresos en el Ecuador ha llegado a su fin. Y si bien puede considerarse un signo de los tiempos, con los principales diarios circulando en versión digital o en formato reducido, no se trata solamente de una ‘evolución’ hacia lo digital.
Esta semana ‘Expreso’ anunció el cese de su edición impresa debido a una crisis financiera agravada por el hostigamiento y la presión gubernamental, impuesta con el propósito de debilitar sus investigaciones y su línea editorial crítica.
Aunque el Presidente de la República ha dicho que ‘si fuese un dictador, no pudiesen decir que soy un dictador’, y sin detenernos en lo tautológico de la afirmación, sí han existido presiones sobre el manejo accionarial de la empresa, falsas acusaciones de actividades fraudulentas, presión sobre periodistas y, finalmente, una caída del 70% en la publicidad.
Cabe recordar con Roger Chartier, historiador de los impresos, que la producción cultural siempre está sometida a la la autoridad o el mercado, así como por la supervisión y censura del poder sobre las cosas y las palabras. Es decir que la cultura no está por encima o al margen de las relaciones económicas y sociales.
A quienes detentan el poder político les disgusta, desde que se impusieron las repúblicas hace más de 200 años, que la opinión pública crítique y ataque las acciones del gobierno porque ello signfica no solo el distanciamiento sino también el custionamiento de sus acciones.
Por esta razón, los funcionarios públicos de todos los colores del espectro político encuentran en el periodista un rival que cuestiona sus acciones, y pocos entienden que esa también es una forma de soberanía política, relacionada con la libertad de emitir juicios sobre las acciones del poder.
La censura –aunque no se ejecute por decreto– busca perpetuar el control de la información y el sentido social del periodismo es constituirse en un contrapeso el poder político, por eso se encuentra en el centro de su dinámica.
Si la forma esencial del poder es la capacidad de modelar el pensamiento, para determinar la manera de actuar individual y colectivamente, y su ejercicio modifica valores e instituciones, el contrapeso del periodismo protege, al menos en términos ideales, la libertad individual y colectiva. De ahí que los políticos prefieran a los ‘influencers’.