
Resulta asombroso que un gobierno de ideas fijas y escasa capacidad de ejecución como el actual haya tardado solo diez días en armar un segundo concurso y modificar la asignación de empresa constructora del Museo Nacional, valorado en 100 millones de dólares.
También es llamativa la relevancia que tomó la construcción del museo para un régimen que degradó al Ministerio de Cultura a Viceministerio, con un presupuesto de 10 millones de dólares para el bienio 2026-2027, cuando el gasto militar supera los 2 000 millones de dólares solo para este año.
Un tercer elemento curioso es la argumentación de que el cambio se debió al rechazo del proyecto original en redes sociales, cuando el gobierno ha hecho caso omiso de las protestas sociales expresadas en redes respecto a temas de mayor relevancia, como la tortura y desaparición de personas y la escasez de medicinas, por ejemplo.
Y podría pasar como una curiosidad más del accionar político actual, o como un ejemplo de populismo digital, que creó la ficción de la participación ciudadana al conceder un voto digital de dos días para elegir entre tres proyectos previamente definidos por el régimen, si no fuera por el remesón institucional que provocó.
La viceministra de Cultura renunció a su cargo y defendió la decisión técnica del primer concurso, que –según dijo– no calificaba una fachada sino una propuesta integral y luego también dimitió el director del Museo, Carlos Montalvo; mientra el ministro de Infraestructura, miembro del primer jurado, se encargó de anunciar su anulación.
De su lado, Alejandro Zaera Polo, el arquitecto español que integró el primer jurado, denunció presiones gubernamentales para colocar al proyecto ‘Estratos Vivos’ (del grupo japonés SANAA) en el segundo lugar, pese a que no cumplía con los estándares mínimos. Y lo dijo antes de que justamente ese proyecto resultara ganador.
Mientras se denuncia que el segundo jurado lo integraron personas que mantienen relaciones comerciales con la familia del Presidente de la República, quienes eligieron una que propuesta pone en riesgo 1,2 millones de piezas patrimoniales pues propone colocarlas al nivel del suelo en un espacio que fue una antigua laguna y está sujeto a actividad sísmica.
Se disfrazó de ‘un éxito de la gente’ al uso político de los memes para reducir temas técnicos complejos a una elección del frente del edificio, cuando lo sensato era explicar la propuesta ganadora y, en todo caso, solicitar una modificación de fachada.