Si tienes problemas de tiroides, seguramente alguien ya te dijo que no comas brócoli, coliflor, soya o sal yodada. Incluso hay personas que eliminan alimentos sin saber por qué. La realidad es que muchos de estos consejos no tienen respaldo científico. Estos son cinco mitos que escucho con frecuencia en la consulta.
Hace poco una paciente llegó muy preocupada. “Doctor, ya no sé qué puedo comer.”
Había dejado el brócoli, la coliflor, el repollo, la soya, los huevos y hasta la sal yodada porque alguien le dijo que todos esos alimentos dañaban la tiroides.
Terminó comiendo menos, gastando más dinero y viviendo con miedo a los alimentos. La realidad es muy diferente.
Veamos cinco mitos que vale la pena aclarar.
Falso.
El brócoli, la coliflor, el repollo, el kale y otras verduras de esta familia contienen sustancias llamadas bociógenas. Sin embargo, en personas que consumen suficiente yodo y mantienen una alimentación equilibrada, no existe evidencia de que deban eliminarse. Al contrario, son alimentos ricos en fibra, vitaminas, minerales y antioxidantes que benefician la salud del corazón, el intestino y el metabolismo. Un plato de brócoli no dañará tu tiroides.
Falso.
El yodo es indispensable para fabricar las hormonas tiroideas. Por eso muchos países incorporan yodo a la sal de mesa como una medida de salud pública.
La mayoría de las personas puede consumir sal yodada con normalidad, siempre en cantidades moderadas. Lo que debemos limitar no es el yodo, sino el exceso de sal por su relación con la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares.
Falso.
La soya no destruye la tiroides, lo que sí puede ocurrir es que disminuya la absorción de la levotiroxina si ambos se consumen al mismo tiempo. La solución no es dejar de comer soya. La solución es tomar la levotiroxina únicamente con agua, en ayunas, y esperar el tiempo recomendado antes del desayuno o antes de consumir suplementos ricos en calcio, hierro o fibra.
No necesariamente.
Solo las personas que además presentan enfermedad celíaca necesitan eliminar completamente el gluten. En quienes no tienen enfermedad celíaca, actualmente no existe evidencia suficiente para recomendar una dieta libre de gluten de manera rutinaria. Eliminar alimentos sin una indicación clara puede volver la alimentación más complicada y costosa sin aportar beneficios demostrados.
Falso.
La tiroides necesita yodo, pero en la cantidad adecuada.
Consumir grandes cantidades de suplementos de yodo, algas marinas o productos similares no mejora el funcionamiento de la glándula y, en algunas personas, incluso puede empeorar algunas enfermedades tiroideas. Con la tiroides, el equilibrio sigue siendo la mejor estrategia.
Más que buscar alimentos prohibidos, vale la pena asegurarse de mantener una alimentación variada que aporte los nutrientes necesarios para el buen funcionamiento del organismo.
Vitamina D. Muchas personas con enfermedades autoinmunes de la tiroides presentan niveles bajos. La principal fuente sigue siendo la exposición adecuada al sol. También está presente en pescados grasos, huevos y algunos alimentos fortificados. Cuando existe una deficiencia comprobada, el médico puede indicar suplementación.
Selenio. Participa en la producción y protección de las hormonas tiroideas. Lo encontramos en pescados, mariscos, carnes, huevos, cereales integrales y nueces de Brasil.
Magnesio. Interviene en cientos de reacciones del organismo. Está presente en almendras, nueces, semillas, espinaca, acelga, legumbres y otros vegetales de hoja verde.
Vitamina B12 y otras vitaminas del complejo B. Algunas personas con tiroiditis de Hashimoto pueden presentar niveles bajos de vitamina B12. Se obtiene principalmente de carnes, pescado, huevos, leche y derivados.
Estos nutrientes no sustituyen el tratamiento del hipotiroidismo ni hacen desaparecer una enfermedad de la tiroides. Sin embargo, mantener niveles adecuados forma parte de una buena salud y, cuando existe una deficiencia demostrada, corregirla puede mejorar el bienestar general.
La mayoría de las veces, estos nutrientes pueden obtenerse mediante una alimentación equilibrada. Los suplementos deben utilizarse únicamente cuando existe una deficiencia comprobada o una indicación médica.
Después de muchos años atendiendo pacientes con enfermedades de la tiroides, he aprendido que el problema casi nunca está en un plato de brócoli, una porción de coliflor o un vaso de leche de soya.
La diferencia suele estar en llevar una alimentación saludable, tomar correctamente la levotiroxina cuando está indicada, mantener un buen control médico y corregir las deficiencias nutricionales cuando realmente existen.
La tiroides no necesita listas interminables de alimentos prohibidos. Necesita información clara, basada en evidencia, y hábitos que puedas mantener durante toda la vida.