Bernardo Acosta

El metiche

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Martes 07 de agosto 2012
7 de August de 2012 00:03

La metedura de manos en la Justicia no es un acto aislado del Gobierno. Es su patrón de conducta. Sus manos han estado en la conformación de un nuevo Congreso con los diputados de los manteles, en los nombramientos de las autoridades de control y en la gestión de algunos municipios, solo para mencionar tres ejemplos. Ahora, honrando aquella manera de gobernar, el Régimen está entusiasmado en meter sus manos en la administración de nuestro dinero depositado en los bancos.

Una reciente resolución del Banco Central del Ecuador (BCE) dispuso que desde este mes las instituciones financieras aumenten el dinero que tienen en el país del 45 al 60% de su liquidez total. Además de la incoherencia de obligar a traer más plata en un momento en el que hay indicios de sobreendeudamiento, el riesgo de esta medida es que si hubiera una crisis en el país, el dinero que habría estado a buen recaudo se contaminaría, lo cual incrementa la vulnerabilidad del sistema financiero.

El BCE también elevó los aportes que los bancos privados deben hacer al Fondo de Liquidez del 3% de los depósitos al 5% hasta septiembre y el 1% más cada año hasta llegar al 10%. Este fondo, cuyo propósito es ser un colchón de ahorro para poder enfrentar un pánico bancario, no es ni muy útil ni muy perjudicial. No es muy útil porque sus recursos serían nimios para atender las necesidades que habría en una crisis financiera. La solución no es aumentar los aportes, sino construir relaciones de confianza con instituciones internacionales que podrían prestarnos recursos suficientes en un eventual apuro. No es muy perjudicial porque la administración de esos recursos actualmente se rige bajo normas estrictas que mandan que sus inversiones sean en activos seguros y líquidos. Sin contar la contradicción de obligar a los bancos privados a tener reservas de liquidez mientras no ocurre lo mismo con los recursos públicos, el principal riesgo de esta medida es que al Gobierno se le haga agua la boca ante una alcancía jugosa e impulse una reforma de la ley para obligar que el fondo también invierta en bonos del Estado. Lindo.

Finalmente, el BCE acaba de decretar que a partir del 30 de noviembre próximo todas las transferencias de dinero que ingresen al país deben pasar por el BCE. Más allá de las especulaciones sobre los objetivos que la autoridad busca con esta disposición (que pueden ser varios y algunos poco santos), al ubicarse como un intermediario innecesario confirma la tendencia a meter sus manos en la administración de plata ajena.

Este gobierno será recordado por su habilidad para meter las manos por todo lado y hasta bien adentro, ya sea abierta y descaradamente en casos como el de la Justicia, o indirectamente y con disimulo, como en el manejo de nuestro dinero confiado a los bancos privados.