Simón Espinosa Cordero

La maja desnuda

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Domingo 11 de agosto 2019

Nota preliminar: columna apta para jueces pícaros. Probos ¡Out, out!

Don Francisco de Goya pintó La maja desnuda. Dos o tres años después, pintó La maja vestida. Majas admiradas en el museo del Prado por los muchos turistas ecuatorianos que a Madrid han ido. Se me ocurre que las dos señoras son una excelente ilustración del refrán “Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.

Para los operadores de sentencias y veredictos, el bulto de una mujer desnuda esculpida en el frontispicio de una corte de Justicia será una alegoría de la Verdad. Máxima virtud para quien tiene el oficio de emitir fallos que conciernan a la dicha o desdicha de los mortales. Por contraste, la Maja Vestida viene a ser alegoría de la Mentira en la administración de la Justicia. El parecer, pero no el ser.

Con la boca abierta contemplamos en estos días tan turbios cómo el Temido Rufián había prostituido a la Maja desnuda. Resulta que, con notables excepciones, los jueces en años de la revolución ciudadana fueron tan pudorosos que no podían verla como Dios la trajo al mundo, porque el Temible los vigilaba, los compraba, los trataba como a obedientes juececillos.

Aun en nuestros días, no son las cárceles con sus criminales y mafiosos los que hacen llorar a los ecuatorianos. Muchos jueces son especialistas en hacerles llorar, en quebrar pequeñas y medianas fortunas, en servir de rodillas a las grandes y hasta en ahuyentar la inversión extranjera. Quien paga más será eximido.

Quien no puede o no quiere pagar corre el riesgo del llanto y el crujir de dientes.

Lograr que jueces vestidos de seda dejen sus mantones de Mentira y vuelvan al estado originario de animal útil y Veraz sería un milagro. El mismísimo Juez Supremo se vería en apuros para producirlo. Solamente la ciudadanía organizada puede con tiempo perseverante cambiar el lobo en oveja, el parece en ser, el egoísmo en servicio social.

Para que la democracia de congresos estériles y de jueces corruptos dé el paso a democracias en que la gente viva feliz, la gente debe tomarse en serio. De veedora a operadora. De ampararse en ceviches de derechos humanos a consumir la saludable ensalada de las obligaciones humanas: esto sí que es revolución y cambio.

Una primera medida fecunda sería la de poner grilletes a todos los jueces. Grilletes simbólicos. Que lleven el artístico uniforme de los guardias suizos del Vaticano: Casaca renacimiento y pantalón tricolor, casco de alabardero con dos picos, adornado de plumas de garza. Lleven grilletes los asambleístas. El simbólico grillete de uniformarlos con túnicas estilo Guamán Poma de Ayala. Siempre identificables para la vindicta popular.

Si proseguimos sin hacer nada, de aquí a veinte años jueces y diputados nos sacarán a pasear con traílla, y ¡ay! del perro que ladre. Goya volvería a pintar ya no majas desnudas ni vestidas, sino monstruos “porque el sueño de la razón produce monstruos”.