
La polarización, fenómeno de nuestro tiempo, afecta también a las elecciones seccionales. El noboísmo y su enemigo íntimo, el correísmo, se disputan las alcaldías de las ciudades más grandes del país. El correísmo va a la reelección con ventaja en las encuestas, el noboísmo tiene la ventaja del contencioso electoral, la contraloría y la fiscalía que parecen a su servicio.
El contencioso electoral ha descalificado al alcalde de Cuenca, la fiscalía al alcalde de Guayaquil y la contraloría amenaza al alcalde de Quito; tres candidatos a la reelección con buenas posibilidades de ganar. El noboísmo ha barajado el naipe político disponible para elegir las mejores cartas, pero ninguna le garantiza la victoria.
En Quito, todos dicen que el candidato del gobierno es Yunda; todos, menos el candidato y el gobierno. Los candidatos tapados son típicos de partidos oficiales que tienen las ventajas del poder y las desventajas del descrédito. Decir sí soy candidato, pero no soy candidato del gobierno, no funciona. Habrá un candidato oficial señuelo.
En Cuenca, la violencia política de género descalificó a su alcalde y dejó despejado el camino para algún candidato de la violencia política sin género. Puede ser que la mayoría de los electores no tenga muy claro el delito y el castigo, o tal vez, que ya nunca olvide lo que es la violencia política de género y descalifique a todos los candidatos machistas.
En Guayaquil, los electores pueden descubrir cuál es el talón de Aquiles del gobierno: el abuso del poder. Ni los más fanáticos noboístas estarán de acuerdo con el trato vejatorio que han dado a un alcalde elegido, que sigue siendo inocente hasta que los jueces le declaren culpable. Se toparon con un buen abogado y un pésimo fiscal.
Los enemigos de los alcaldes eran los presupuestos limitados, la ineficiencia, la falta de tiempo para la implementación de proyectos y los concejales denunciólogos; se suman ahora los organismos de gobierno que atormentan a los municipios.