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Lote de irresponsables

El jueves pasado el país vivió una jornada de verguenza pública nacional. Ningún organismo o funcionario del Estado que participó en los tristes hechos de ese día lo hizo con inteligencia o sentido de proporción.

Comencemos por el primer responsable: la Asamblea, órgano no deliberativo en el que la mayoría hace exactamente lo que la Presidencia le ordena. Las leyes pasan al apuro y urgidas por los tiempos y las prioridades presidenciales. Rara vez hay un debate democrático equilibrado en el que al disidente se le da oído. Es así como se promulgó la Ley de Servicio Público, que tenía errores elementales y que necesitaba revisión.

Segundo responsable, la Presidencia, que introdujo un veto parcial con regulaciones como la de pagar indemnizaciones con bonos del Estado o eliminar los bonos de ascenso a la tropa de las Fuerzas Armadas y la Policía, hechos que alteraron el ánimo de los servidores gubernamentales y de la tropa de la Fuerza Pública. Los afectados se movieron, explicaron sus preocupaciones, pero quedaron frustrados cuando por el ministerio de la ley, el veto presidencial quedó aprobado sin que haya ni discusión ni votación del tema en la Asamblea, pues la mayoría oficialista no estuvo dispuesta a sumar sus votos para lograr la supramayoría de 83 votos y desechar el veto.

Tercero y mayor responsable, la Policía Nacional, que por oponerse a la ley se retiró a los cuarteles y dejó desguarnecido al país y a las ciudades, a merced de la más violenta delincuencia. No satisfecha con ello, vejó al Presidente, puso en peligro su vida y lo tuvo secuestrado por casi 12 horas, sometiendo al país y a la democracia a un absurdo riesgo. Solo liberó al Primer Mandatario cuando las FF.AA. intervinieron en una idiota escaramuza de la que salieron heridos cinco compatriotas.

El cuarto responsable es el Presidente de la República, que sin tomar en cuenta que es el Jefe de Estado, y por tanto última instancia de decisión del Gobierno, resolvió ir a discutir el tema personalmente con los miembros de tropa de la Policía. ¿Cómo puede el Presidente poner en riesgo la estabilidad democrática de la Nación, en un acto, en ningún caso valiente sino temerario, y con gesto de sietemachos, exponerse a que un desadaptado le pegue un tiro en el descorbatado pecho presidencial? ¡Tamaña irresponsabilidad!

Si las cosas se hubiesen hecho con buen juicio, la Asamblea hubiera discutido en profundidad la ley, aceptando las sanas críticas, la Presidencia no hubiese vetado la ley, la Policía hubiese reclamado a tiempo y hubiese encontrado oídos en la Asamblea y el Presidente no hubiese tenido que demostrar su arrojo.

¡Si todo eso hubiese sucedido, los ecuatorianos no hubiésemos pasado semejante verguenza pública!

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