Pablo Cuvi

Líderes perversos

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Sábado 05 de enero 2019

pcuvi@elcomercio.org

Destronado y denigrado por acoso homosexual, Kevin Spacey lanzó días atrás el video semicasero ‘Let me be frank’ en el que pretende justificarse reviviendo la complicidad de los seguidores de ‘House of Cards’ con Frank Underwood, el político corrupto que no se detuvo ante nada para alcanzar la Casa Blanca. “Nos han querido separar –dice con voz seductora, mirando a cámara–, pero lo compartíamos todo, les mostré mis secretos más oscuros, les mostré de lo que son capaces las personas, nunca respeté las reglas y eso a ustedes les encantaba”. ¡Bingo!

En otras palabras, el acusado Kevin asume el franco cinismo de un personaje de ficción para decir que estamos en el mismo bote y que nos encandilan las transgresiones de los poderosos. Se diluye así la barrera entre realidad y deseo, entre verdad y mentira, entre lo correcto y lo inmoral y es imposible no pensar en Donald Trump, un tiburón del negocio inmobiliario, esa especulación donde triunfan los desalmados, quien se convirtió en maestro de juventudes y modelo de triunfador en el reality ‘El aprendiz’.

Lo que hizo a continuación para alcanzar la Presidencia, y que linda con la traición a la patria, no le pide favor a Frank Underwood. Ambos comparten el modelo winner/looser que se ha impuesto en el planeta, según el cual no importa ser pícaro o ignorante o mentiroso o abusador o un oportunista de la política con tal de no ser un perdedor.

Pero sería injusto afirmar que los gringos crearon este modelo ferozmente competitivo. No: lo traemos en el ADN desde cuando vivíamos en los árboles porque la Naturaleza solo conoce la ley del más fuerte y el más rápido. La moral, los derechos, el sistema democrático, controlan y encauzan esas emociones salvajes que anidan en el fondo de nuestro cerebro. Quienes dan rienda suelta a sus instintos y pasiones, evadiendo el filtro de la civilización y la razón, marchan hacia un fascismo que renueva sus caretas de izquierda o derecha.

Ojo: Underwood era perverso, pero racional, calculador, ducho en el juego de la política. Trump es impulsivo, narcisista, inculto, un audaz que desarrolló sus mañas en el mundo de los negocios y ahora es el comandante en jefe del ejército más poderoso de la Tierra. Como dicen en la calle: más peligroso que mono con gilet. ¿Imaginan lo que habría hecho en ese puesto un economista y profesor mediocre, torpe para los idiomas pero con delirios de grandeza universal, cargado de traumas infantiles y anhelos de venganza?

Ahora, los sentimientos de odio y revancha de la mitad del pueblo brasilero, generados por la hegemonía corrupta del PT y azuzados por un exmilitar fascista, nos acercan un poco más al infierno del calentamiento global y la ley del más fuerte. Todos los ciudadanos irán armados, chao Amazonía, chao derechos de los pueblos indígenas y las minorías. ¿Chao civilización?