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Semaglutida y tirzepatida han cambiado el tratamiento de la obesidad. Pueden conseguir pérdidas importantes de peso y mejorar varias enfermedades asociadas, pero no deberían utilizarse por recomendación de un amigo, comprarse en lugares no autorizados ni verse como una solución rápida. El mejor resultado aparece cuando el medicamento se acompaña de alimentación, ejercicio, apoyo profesional y cambios que puedan mantenerse.
Cada vez es más frecuente escuchar en consulta: “Doctor, una amiga se está poniendo una inyección para bajar de peso y ha bajado muchísimo. Yo también quiero usarla”. Mi primera pregunta casi siempre es la misma: ¿sabes qué medicamento utiliza y quién se lo indicó? Muchas veces la respuesta es no. Las llamadas inyecciones para bajar de peso se han vuelto muy populares y detrás de esa popularidad existe un verdadero avance médico, pero también mucha desinformación.
Medicamentos como semaglutida y tirzepatida, disponibles actualmente en Ecuador, han cambiado nuestra forma de tratar la obesidad. La semaglutida actúa sobre el receptor GLP-1 y la tirzepatida sobre GIP y GLP-1. Disminuyen el apetito, aumentan la saciedad y, en pacientes correctamente seleccionados, pueden producir reducciones importantes del peso. No estamos hablando de productos cosméticos, son medicamentos para tratar una enfermedad y deben utilizarse con indicación y seguimiento médico.
No todas las personas con sobrepeso necesitan una inyección, y durante años simplificamos la obesidad diciendo: “coma menos y haga más ejercicio”. Pero intervienen la genética, el cerebro, el apetito, la saciedad, el sueño, las hormonas, el ambiente, la actividad física y nuestra relación con la comida ultraprocesada . Por eso dos personas con el mismo peso pueden necesitar tratamientos completamente diferentes. Antes de utilizar estos medicamentos debemos conocer peso, talla, perímetro abdominal, presión arterial, antecedentes, medicamentos actuales y enfermedades asociadas. Según cada caso también será necesario revisar glucosa, colesterol, función renal, función hepática, tiroides y otros parámetros. Primero evaluamos al paciente y después decidimos si necesita tratamiento farmacológico.
No compres estos medicamentos por redes sociales, este punto merece especial atención, no compres semaglutida, tirzepatida ni otros medicamentos para bajar de peso por redes sociales, páginas desconocidas, gimnasios, vendedores particulares o establecimientos no autorizados. Tampoco utilices productos o presentaciones que no tengan registro sanitario vigente en Ecuador. Un medicamento inyectable necesita una procedencia conocida, concentración correcta, almacenamiento adecuado y, cuando corresponde, mantener la cadena de frío. Una caja bonita o una publicación en Instagram no garantizan nada de eso. Comprar estos tratamientos únicamente en establecimientos autorizados es parte de utilizarlos de manera segura.
Cuando un paciente me dice que perdió 10 o 15 kilos, además de felicitarlo quiero saber algo más: ¿qué perdió? Durante una reducción importante de peso también es perder masa muscular. Por eso el tratamiento debe acompañarse de una alimentación adecuada, suficiente proteína y ejercicio, especialmente entrenamiento de fuerza. Queremos reducir principalmente grasa y conservar músculo. Esto cobra todavía más importancia después de los 40 o 50 años, cuando preservar la masa muscular es parte de mantener fuerza, movilidad y salud metabólica.
Para mí, este es el punto central. Mientras el medicamento disminuye el apetito y mejora la saciedad tenemos una excelente oportunidad para cambiar aquello que durante años favoreció el aumento de peso. Aprender nuevamente las porciones, disminuir bebidas azucaradas y ultraprocesados, comer más alimentos frescos, organizar horarios, caminar más, hacer ejercicio de fuerza y dormir mejor. También aprender a reconocer cuándo comemos por hambre y cuándo lo hacemos por ansiedad, estrés, aburrimiento o costumbre. La inyección puede ayudarte a controlar el apetito; los hábitos tenemos que construirlos durante el proceso.
Por eso no me gusta pensar en el tratamiento de la obesidad como una receta y una balanza. El especialista evalúa el componente metabólico, las enfermedades asociadas y la necesidad de medicamentos; el nutricionista ayuda a construir una alimentación que pueda mantenerse; el psicólogo trabaja cuando existen alimentación emocional, ansiedad, atracones o una relación difícil con la comida; el deportólogo o profesional del ejercicio ayuda a mejorar la condición física y preservar músculo; y el gastroenterólogo participa cuando existen problemas digestivos o cuando deben evaluarse alternativas endoscópicas. En determinados pacientes, el cirujano bariátrico continúa siendo parte fundamental del tratamiento. La obesidad es demasiado compleja para tratarla únicamente con una inyección.
Estamos observando un cambio interesante. La llegada de medicamentos más eficaces coincide con una reducción importante en la utilización de cirugía metabólica y bariátrica en algunos sistemas de salud. Un estudio reciente publicado en JAMA Surgery encontró una disminución cercana al 46 % entre 2022 y 2025 en la población analizada, mientras aumentaba de manera considerable el uso de medicamentos para la obesidad. Esto no demuestra que semaglutida y tirzepatida sean responsables de toda esa reducción y tampoco quiere decir que la cirugía haya dejado de ser necesaria. Para determinados pacientes con obesidad severa, la cirugía metabólica continúa siendo una de las alternativas más eficaces. Lo que tenemos ahora son más opciones y la posibilidad de escoger el tratamiento adecuado para cada persona.
Otro error frecuente es querer subir rápidamente la dosis porque durante una semana la balanza dejó de bajar. Estos medicamentos tienen esquemas progresivos y pueden producir náusea, vómito, diarrea, estreñimiento y otras molestias gastrointestinales. No copies la dosis de un amigo, no adelantes el aumento y no utilices más medicamento buscando adelgazar más rápido. La dosis depende del producto, la respuesta clínica y la tolerancia de cada paciente.
Esta conversación debe comenzar antes de la primera dosis. Al suspender estos medicamentos puede recuperarse una parte del peso perdido, especialmente si durante el tratamiento no se modificaron los hábitos. Por eso sería un desperdicio utilizar una herramienta tan útil durante meses y continuar viviendo exactamente igual. Si durante ese tiempo aprendiste a comer diferente, comenzaste a hacer ejercicio, protegiste tu masa muscular, mejoraste el sueño y trabajaste tu relación con la comida, el tratamiento habrá conseguido algo mucho más valioso que simplemente cambiar el número de la balanza.
Semaglutida y tirzepatida han abierto una nueva etapa en el tratamiento de la obesidad. Bien utilizadas pueden ayudar a mejorar el peso, la glucosa, la presión arterial, la movilidad y diferentes aspectos de la salud metabólica. Pero no quiero que un paciente termine este proceso simplemente más delgado. Quiero que termine comiendo mejor, moviéndose más, conservando músculo, durmiendo mejor y entendiendo qué necesita hacer para cuidar su salud.
Por eso, antes de preguntar “¿cuántos kilos voy a bajar?”, hay una pregunta mucho más útil: “¿qué voy a cambiar durante el tiempo que utilice este medicamento?”
La inyección puede ayudar a perder peso, el verdadero éxito es aprovechar ese tiempo para construir hábitos que puedan acompañarnos mucho después de la última dosis.