Injusticias de la democracia

La legitimidad de algunos elegidos y plantea que una democracia sólida requiere votantes y autoridades competentes, racionales y alejados del fanatismo político.

Ecuador participó en el Foro de la Coalición contra los Carteles de las Américas, en Panamá

Para las elecciones de noviembre debemos tomar en cuenta el hecho estadístico de que algunos alcaldes y prefectos resultaron elegidos con el 20% de los votos válidos y apenas el 13% del número de habitantes. Con razón decía Borges que la democracia es un abuso de la estadística. Los elegidos así, acusan insuficiente legitimidad.

De acuerdo con Jason Brennan y su libro Contra la Democracia, hay tres clases de electores a los que aquí los llamaremos apáticos, fanáticos y racionales. Los apáticos tienen pocas opiniones o ninguna sobre los temas políticos, no están informados y prefieren vivir su vida cotidiana sin prestar atención a la política

Los fanáticos tienen una visión del mundo sólida y establecida, pueden explicar sus creencias, pero no otros puntos de vista; se informan de modo sesgado, sus opiniones políticas son parte de su identidad y tienden a considerar a los que no están de acuerdo con ellos como estúpidos o malvados.

Los racionales piensan la política de una manera científica y racional, sus opiniones están sólidamente fundamentadas, les interesa la política, pero no son apasionados por temor a parecer irreflexivos. Para los racionales la democracia es injusta porque creen que tienen derecho a que aquellos que toman las decisiones sean competentes y de buena fe.

Las democracias actuales no garantizan ese derecho. Los elegidos no toman decisiones competentes y no escogen, para la toma de decisiones, a personas capacitadas y de buena fe. Eligen mediocres, esbirros o corruptos, no solo para los puestos de mando sino para las listas de candidatos. Así la democracia resulta injusta.

Es fanatismo político descalificar a los opositores. En primer lugar, resulta sospechoso que se descubran supuestos delitos en vísperas de elecciones; en segundo lugar, solo pueden ser declarados culpables después de un proceso, y en tercer lugar se degrada a los funcionarios obligados a satisfacer caprichos electorales. Examínese usted si es apático, fanático o racional.