Fernando Larenas

Incendiarios

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Martes 14 de agosto 2012
14 de August de 2012 00:01

El viernes 10 de agosto no era un día normal, era feriado, el Presidente hablaba en la Asamblea, los políticos se deleitaban escuchando fogosos discursos, llenos de retórica, la muchedumbre reunida deliraba de emoción.

Yo contemplaba hacia el Pichincha, la montaña más grande que domina toda la capital, escenario de una guerra que consagró a sangre y fuego la Independencia de nuestro querido Ecuador. Los discursos sonaban igual, los aplausos también.

De pronto lo que observaba no era ningún fuego patriota, era el fuego que quemaba los bosques del Pichincha en una de las laderas más cercanas a la avenida Occidental, más arriba del Hospital Metropolitano.

El humo se elevaba incontenible, el viento ayudaba al fuego en su expansión destructora. Por encima de ese humo acumulado, un helicóptero rodeaba al incendio y comenzaba a arrojar agua sobre el centro del incendio.

Era una nave contraincendios de Aeropolicial que efectuaba maniobras muy arriesgadas para intentar apagar las llamas. Llegué a contar cuatro descargas de agua en intervalos de entre 5 y 6 minutos.

El helicóptero arrojaba el agua, continuaba su marcha hacia el norte y regresaba nuevamente hasta algún reservorio del sur para llenar el recipiente que colgaba varios metros desde el fuselaje para evitar que la nave se aproxime demasiado al foco del incendio.

En aproximadamente media hora el incendio fue controlado. Se quemaron plantas nativas, la fauna de aves e insectos y algunos animales seguramente perdieron su hábitat o murieron quemados.

El día anterior en el parque Metropolitano, uno de los lugares más bellos que tiene Quito para practicar deportes de aventura, también fue azotado por un incendio que quemó varias hectáreas de eucaliptos y de vegetación primaria.

Le prensa informó que probablemente el incendio fue provocado por unos adolescentes que fueron sorprendidos con unos galones de gasolina que supuestamente derramaron sobre la vegetación reseca por el ardiente verano y le prendieron fuego.

Los helicópteros policiales también tuvieron que extremarse en su trabajo para evitar que el fuego se propague a todo el parque. El abastecimiento en ese sector fue mucho más rápido, el reservorio de agua potable se ubica en el centro del parque.

El riesgo es el mismo por los fuertes vientos y por la dificultad para cargar el líquido en los dispositivos especiales y sin ninguna posibilidad de que la aeronave pueda posarse. Al parecer, en la mayoría de los casos los incendios son provocados por pirómanos o por morbosos que gozan viendo la propagación rápida del fuego.

Todos los veranos la historia se repite, la policía y los bomberos trabajan de manera anónima para evitar que el impacto en la naturaleza sea peor por causa de los pirómanos.