Planteles no fiscales podrán acordar modalidad a distancia
Erick Benítez: ‘Crímenes reflejan el aumento de la …
Solidaridad y unión de vecinos ayudan a detectar cas…
Cinco locales fueron clausurados en Guayaquil por in…
Alcaldesa Viteri dice que colaborará con la Policía …
6 419 nuevos casos positivos de covid-19 se registra…
Militares realizan operativos de control en calles d…
Lasso enviará proyecto de Ley sobre uso de la fuerza…

La hora de Escipión

La acción política refleja cómo los seres humanos interpretamos nuestras vidas. Por ejemplo, la Revolución Francesa -el fenómeno político más importante de la modernidad- instituyó al cálculo y a la razón como los ejes rectores del comportamiento individual: alguien que no usara la lógica, que antepusiera sus pasiones al intelecto era considerado un imbécil, un subproducto social…

Las revoluciones rusa y cubana también siguieron esa vena racionalista y trajeron consigo una miríada de tecnócratas que intentaron planificar, hasta el detalle más nimio, la vida de las sociedades. Se buscaba que las personas minimizaran sus errores y maximizaran su eficiencia. Se creía que la ciencia -no la filosofía- indicaría a las personas cómo comportarse mejor.

¿Pero qué pasa cuando los planes y las rutinas preestablecidas fallan? ¿Qué sucede cuando los cálculos resultan incorrectos y la razón se queda corta para explicar lo que sucede a nuestro alrededor? En ese momento, otro tipo de acción política se torna indispensable. ¿Cuál? La de la audacia en el riesgo. Me explico:

El arrojo no es una virtud común entre los políticos. Talvez como ningún otro, estos personajes privilegian el cálculo por encima de cualquier cosa y están dispuestos a transar sobre lo que sea. El político típico no busca el triunfo de sus ideas, sino el avance de su carrera; no busca la justicia sino el pacto. El político tradicional prefiere las certezas al riesgo.

Esa forma fría y mental de ejercer la política -y de vivir la vida- lleva inevitablemente a resultados mediocres. De cuando en cuando, las sociedades necesitan de políticos que actúen al margen del cálculo, que antepongan sus pasiones a la razón, que inspiren con ideas y propuestas.

El de Escipión es el caso más insigne del político que supo ser audaz en el riesgo. Cuando Roma estaba sitiada por las huestes de Aníbal y todo indicaba el final de ese régimen en manos del enemigo, Escipión inspiró a los ciudadanos a vencer el miedo a aquel feroz cartaginés y lo derrotó en las afueras de su ciudad.

Si hubiese calculado, si hubiese pensado en el grave riesgo que corría por su accionar audaz, Escipión talvez hubiera pactado una ‘rendición honrosa’ y prebendas para los suyos.

Al parecer, Carlos Vera quiere hacer una política arrojada y al margen del cálculo puro y duro. Las posibilidades que tiene de ganar son, por ahora, pocas. Aún así, parece que la perspectiva de una derrota no le va arredrar. Eso es inspirador y estimulante.

El mensaje más importante que trae es el de vencer al miedo, como lo hizo Escipión, en su momento. Ya era hora que alguien lo hiciera. Necesitamos más políticos como él.

Suplementos digitales